Cartas de amores imposibles

LUIS VALLECILLOǁ Grandes méritos ha de tener una obra para llegar a ser tan influyente en el desarrollo de una corriente entera e histórica o incluso dentro de una sociedad europea en gran escala, y más si es concebida en un país como Alemania, que antes del siglo XVIII palidecía de cultura en comparación a las brillantes olas de literatura en Francia, Italia o España.

Si bien es cierto que Johann Wolfgang von Goethe ayudó a cimentar lo que sería el romanticismo con la Sturm Un Drang como corriente alemana predecesora, fue el primero en criticar y reprochar de ella. Pese a su pensar, lo que sí está claro, es que Las penas del joven Werther es una de las obras románticas por antonomasia.

Es una novela epistolar semiautobiográfica, que en contraste con la obra cumbre de Goethe, Fausto, carece de la obscura monstruosidad de ésta, pero mantiene el ideal romántico propio de una obra que es oda a la decadencia de la razón y exaltación sentimental del ser humano.

La novela está ambientada en el municipio alemán de Walheim entre los años 1771 y 1772. Werther, un joven bien parecido, sensible y pasional sucumbe perdidamente enamorado de Charlotte, quien se encuentra comprometida a otro hombre, y que a pesar del dolor que esto le confiere, mantendrá una tensa amistad con ella, la cual lo deteriorará poco a poco.

Nosotros como lectores y por medio de cartas seremos crudos testigos de cómo los impulsos sentimentales son el equivalente a demonios que se apoderan del joven con el pasar del tiempo, el papel y la tinta.

Algo de morbo puede tener el ver cómo una persona tan inocente sucumbe para mal frente a un amor muchas veces idealizado por algunos como algo puro y no corrupto.

¿Llega a ser creíble? Si nos planteamos leer el libro con una visión moderna y haciendo paralelismos tratando de justificar las acciones de Werther nos podemos llegar a ver desconcertados. No por nada, si me permito hacer una alegoría, con el perdón que ello amerite, Las penas del joven Werther es el equivalente a una novela adolescente, pero del siglo XVIII con todas las de la ley, incluso en lo que a ventas concierne como una bien recibida historia.

Obviamente, sería pecaminoso de nuestra parte hacer un análisis de la obra sin tener en consideración el contexto en el que sale.

La novela, publicada en 1774, es el sumun que alberga a la imagen idealizada de personaje romántico por excelencia reflejada en Werther, casi como si se tratara de “El caminante sobre el mar de nubes”, y, además, lanzada en una sociedad que estaba dejando atrás movimientos culturales como la Ilustración y el Neoclasicismo para dar paso a movimientos revolucionarios nuevos y más libres, puede hacer justificable el sentir de la población europea a quienes la obra influyó de forma extrema.

El mismo Goethe dedica las siguientes palabras al comienzo de la novela:

“¡Y tú, alma sensible y piadosa, oprimida y afligida por iguales quebrantos, aprende a consolarte en sus padecimientos! Si el destino o tus errores no te permiten tener cerca a un amigo, que este libro pueda suplir su ausencia.”

Resulta casi imposible no llegar a sentir compasión y empatizar con el pobre Werther en su descenso a la negatividad y pesimismo absoluto, pues a lo largo del libro estaremos leyendo las palabras de un amigo.

A medida que avanzamos en la lectura, hacemos más hincapié en pensar en los límites a los que el personaje puede llegar y podemos creer ver un poco más previsible el camino que seguirá la trama. Sin embargo, ninguna suposición que nos planteemos nos esclarecerá las dudas del cómo seguirá dicho camino y en eso, a lo largo de todos sus trabajos, el autor ha demostrado ser bastante bueno.

Quizá  esta novela resulte más conveniente en tiempos modernos para hacernos reflexionar sobre dilemas entre sentimientos y la razón. Además, para todo aquel a quien le interese adentrarse en la literatura romántica, Las penas del joven Werther es un punto de partida exquisito que ayudará a comprender las bases de uno de los movimientos culturales más importantes de la historia y que mejor de la mano de uno de aquellos escritores universales y absolutos.

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