¡Ser puta es como bailar: cuestión de agarrar el ritmo!

DIANA CASTILBLANCOǁ En Diablo Guardián tenemos tres protagonistas, Rosalba (Violetta) como ella decide autonombrarse, Pig y el lector mismo. Empezamos la novela con un shock de muerte porque se supone que quien narra y está viendo su propio funeral es la mismísima Violetta, todo un acto orquestado con ayuda de su DIABLO GUARDIÁN.

Violeta, como bien se menciona a lo largo del libro, se siente muy identificada con muchas canciones y, se convierte en un personaje más que juega de marco entre las letras e imágenes subjetivas que vas creando palabra a palabra. Cada canción que se incluye en la lectura, algunos como citas, otros como fondo o simples excusas, y están colocados como el autor los acomoda en la historia. Como diría Xavier Velasco (en mi copia autografiada): “Por Siouxsie, Iggy, Violetta y los otros.”

Muchos capítulos en la novela están titulados en varios temas de artistas como Siouxsie, Iggy Pop, digamos que cada tema musical va describiendo página a página la historia en simultánea de Violetta y Pig.

 Hablando un poco más a fondo: Violetta es una típica adolescente mexicana, proveniente de una familia de clase media alta, y tal como ella se describe a sí misma, y a su familia, de ridículos: sus padres se tiñen el pelo de rubio, también el de sus hijos, e insisten en hablar en inglés, porque son y deben ser gente bien. Pero Violetta o Rosalba va como la llaman por la vida, desafiando las reglas que sus papás. El objetivo de los padres es que ella se gradué de secretaria y se case con algún licenciado o se vuelva su amante, para resolverse y resolverle la vida a su hija. Un día Violetta como castigo le toca limpiar la casa o ser la chacha de estos “nacos” como ella les llama, y está en su cuarto a medio vestir con las ventanas abiertas y resulta que el hijo del jardinero la está viendo, y que cae de la escalera. Digamos que este es el debut de la vida de puta de Violetta: Empieza a conseguir digamos dinero para dejar al jardinerito verla en paños menores dentro de su cuarto.

Pig funciona como asidero, contrapunto y espejo de la doctora R. Schmidt. ¿Cómo veríamos a este personaje, coprotagonista, cómplice y contrapeso, si no fuera en el marco de Violetta?, ¿sería la misma historia de Pig si no estuviera entrelazada con la de una mujer que parece ser exactamente su opuesto? Le pertenece a ella, contra todo pronóstico metafísico, porque a Pig le falta fuego para moverse a la misma velocidad y hacer todo lo que ella hace.  El retrato de Pig, es una personificación del mismísimo Xavier Velasco, rodeado de lujos desde niño y siempre contando con el amor incondicional de su mamita (abuela). Pero el contraste de estos dos personajes es completamente necesario. Violetta y Pig se parecen en muchas cosas; ella dice que en lo tramposos, pero no en eso nada más. Los dos están solos, o más bien colmados de soledad. ¿No abandonó Rosalba o Rosa del Alba a su familia y renegó de ellos todo el tiempo que estuvo en Nueva York? Incluso de regreso en la misma ciudad y en su misma casa sigue renegando de sus padres pránganas, de sus hermanos que no figuran siquiera, del origen que considera rascuache y de su destino desconocido. Y Pig, ¿no decidió acorazarse detrás de su orfandad?, le cerró la puerta a su abuela y luego la dejó morir sola, nada más para darse el (mal) gusto de sufrir por estar dejado de la mano de Dios. Los dos son personajes atormentados por el rechazo de su circunstancia. Se puede decir que no tienen raíces o son entes desapegados. Rosa del Alba creció en una familia que niega y esconde su origen (a eso contribuye su elección musical, parca extranjera, punketa), que aspira a ser lo que no es y para eso todos se repintan las raíces del pelo cada domingo. Y Pig se ha encargado de esconder las que le pertenecen al tiempo que esconde también la ausencia de sus padres y la falta de asidero que ésta representa.

¿Y entonces porqué el titulo Diablo Guardián?

Violetta es veloz, tiene razón cuando dice que es como una bola rápida que necesita control, y no menos razón cuando dice que necesita que la quieran: Iggy Pop dio en el clavo. Ella va a ritmo de “The Passenger”, pero en el fondo se identifica con “Isolation” y, más que control, necesita amor, no desde una perspectiva cursi o superficial, sino en el sentido más humano. ¿Se dio cuenta de que Pig era el indicado para subsanar esa falta mayor? Parece que sí, por lo que ella misma dice. ¿Pig sabía o intuía que ella lo necesitaba tanto? Quizá no, porque además de ser mucho más lento que Violetta, no es tan experto en usar a la gente después de descubrir de qué pata cojean.

Tampoco se puede dejar de lado la existencia de Nefastófeles, (bautizado así por Violetta), quien se hace pasar por un heredero, mientras Violetta busca algún maridito para pasar la noche. Este encuentro es digamos predestinado ocurre en las Vegas y Nefastófeles fue la tabla de salvación momentánea de Violetta, pero una vez que ella se entera que este fulano es el mismo que la regresa a sus orígenes rascuahes y nacos.

Aquí es cuando entra Pig en escena junto a Violetta que va más rápido que Pig, hasta en la narración,  los lectores atendemos al desarrollo del romance con trazos rápidos, mucho antes de que Pig llegue a contar que cayó en el abismo de sus ojos. Violetta suelta pistas, armada con una segunda persona que los críticos no parecen ponderar, pero que funciona de manera muy efectiva para que el ritmo se mantenga en una velocidad más alta de lo usual en cualquier novela, y va soltando piedras para que sigamos el camino; habla de escenas, momentos, breves instantes de cuando ella y Pig estuvieron juntos. Su relación (si era eso) es una sucesión de fotografías tomadas en diferentes momentos y regadas a lo largo del libro.

“Yo no soy más que un vicio que tienes que quitarte”.

El vértigo de la novela nos hace creer que no le seguimos el paso, pero no es cierto: para cuando Pig ya está instalado en la agencia de publicidad, después del famoso mes de prueba, tenemos casi todas las piezas del rompecabezas, gracias a que en la velocidad y aparente desorden de las cintas de Violetta, venía buena parte del dibujo y de allí fue que empezamos a poner las esquinas y a armar las orillas. Pig es más lento, ¿más contemplativo?, en apariencia menos interesante, porque es menos estridente, pero es necesario para el equilibrio de la narración. El paralelismo entre los dos personajes no es siempre evidente, cuando Violetta, que conforme se acerca al final se va descarnando más y, al mismo tiempo, humanizando, acaso feminizando más (dentro de un marco un poco limitado de mirada masculina, ni modo), le cuenta de su emoción cuando vio la primera línea de su rap “Mírame bien, no soy Superman”, el lector acaba por recibir un golpecito y las fichas de dominó empiezan a caer en secuencia.

Acá nos damos cuenta de quién en realidad el diablo guardián, pues nuestra bella protagonista junto a su encanto Violettesco empieza a narrar su historia a su diablo de la guarda. Las piezas caen una a una y el lector las va uniendo una a una

“Diablo de la Guarda: ¡qué rica compañía!

Déjame morderte el alma pa’ saber que sólo es mía”.

Diablo Guardián es un viaje tal como lo describe la canción Passenger, todos hemos querido escapar de nuestra realidad, pero una vez que regresás del viaje desdeñoso ves las consecuencias de la partida.

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