CARTAS A UNA ACTRIZ

JOSÉ LÓPEZ VÁZQUEZǁ El origen de las cartas se remonta a las antiguas civilizaciones mesopotámicas y egipcias. Para ese entonces, «debido a que la escritura era una técnica especializada» su función se reducía a asuntos de índole oficial o mercantil. Con el paso de los siglos, se volvió un medio más convencional, una opción para reflejar todo tipo de sentimientos. No obstante, fueron los poetas y escritores románticos los que le dieron un mayor realce, convirtiéndola, incluso, en un artefacto de potentes cargas poéticas. Ejemplos de ello, son Cartas desde mi celda de Bécquer, Las cuitas del joven Werther de Goethe, Frankenstein de Mary Shelley, entre otras. No menos célebres, son las cartas de amor de Keats a Fanny Brawne, de Balzac a Eva Hanska «y en casos más actuales» de Rubén Darío a Francisca Sánchez o de Pablo Neruda a Matilde Urrutia.

En la actualidad, se emplea más que todo para realizar gestiones de tipo laboral. Son pocos los vates que aun las cultivan. Por eso, este libro: Cartas de amor de Carlos Martínez Rivas a Evelyn Martínez, primera actriz nacional, que significó más que una motivación poética representa no solo una reivindicación del género, sino una revelación de otra pieza del rompecabezas, que quizá, contribuyó en parte en la estética de CMR.

Todos hemos conocido acerca de ese trabajo de relojero o joyero con respecto a la palabra del poeta, de su vigilia prolongada entre libros y estantes, de su acecho con firmeza al término que huye, de su erudición y entrega por la lectura. Sabemos que fue un hombre difícil, empecinado con la soledad, teniendo un muy reducido círculo de amistades, si así se les puede llamar. Poco grato para recibir visitas, devoto y adicto a la compañía de los gatos. Un hombre que vivió su época como si perteneciese a otra; un raro y terco. Portentoso en memoria; agudo en su oído musical. De igual modo, conocemos su gusto por la plástica, de la cual, tomó muchas imágenes para reflejarlas en sus poemas y en apuntes críticos que plasmó en sus diarios. De ahí, sus dibujos realizados en las paredes de su casa, hechos con mucha estima, pero que no pasan de ser los de un aficionado. Así mismo, conocemos acerca de su malditismo, el cual, se ve expresado sobre todo en su lírica rebelde, en su alcoholismo, en su autoaislamiento, en el empeño de mantener inédita la mayor parte de su obra y en el rechazo total a toda condecoración.

Pocos son los textos que nos aproximan a la intimidad del bardo, pero los hay, como la desafortunada experiencia que representó Traiciones a Carlos Martínez Rivas de Berenice Maranhao.

De ahí, la importancia de esta obra, pues nos muestra la otra cara, el otro perfil de CMR, es decir, nos muestra un CMR enamorado, cortejador y detallista, atento y delicado; que se desnuda sin perder la poesía en cartas idílicas, donde nos devela su fórmula de conquista, compuesta de líneas refinadas y exquisitas, sinceras y emotivas, de maduro e incipiente casanova.

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