En la puerta de la luna, donde quiero ir a jugar

 Mario Guardado// Crecí en un pueblo, bajo la influencia de unos abuelos maternos «cuenta cuentos», además,  músicos de oído. A pesar de ello nací sordo para la música y narro un poco mal los cuentos que se me ocurren.

En los corredores de tierra de la casa de los abuelos empecé los primeros pasos en la lectura con un silabario Mantilla, en los relatos de mi abuelo y un tío abuelo di vuelo a la imaginación de mi infancia pueblerina.

De los cuentos vamos hablar, pero no de los míos, sino de los de Ana María Matute. En su libro antológico La puerta de la luna, aparecen todos, los recopilados en otras antologías y algunos que estaban dispersos. Está dividido en dos partes, la primera recoge los escritos y la segunda los apuntes para artículos periodísticos y ensayos.

La escritora tiene una prosa muy sensorial, tal pareciera que cada cuento lo pinta en vez de escribirlo.

La capacidad de fabulación y el vuelo que le deja tomar a la imaginación están dotados de un toque que permite despertarte y conmoverte ante sentimientos que posiblemente hayan estado adormecidos. Tiene exquisita sensibilidad y como diría Cortázar ”traspasa la mera anécdota y la convierte en metáfora de la condición humana”.

El carácter de esta escritora era el de una mujer solitaria e independiente, pero no ajena a la sociedad y a las relaciones interpersonales; coexistía en ella una dualidad que se debatía entre el dolor y la alegría, entre lo citadino y lo gregario.

Es como si dentro de ella cupieran muchos mundos, aunque el verdadero se lo guardaba y no lo develaba ni siquiera en su escritura. Su narrativa no está exenta de un lirismo o un realismo cruel porque capta la atención del lector con frases enérgicas.

La cotidianidad con la que presenta a sus personajes y los finales a los que los somete son muy comunes en esta narrativa, son finales desoladores, dolorosos, de vacío, de muerte y abandono. “La entrada al mundo de Miguel Bruno costó 360 pesetas de honorarios médicos, 50 más por gastos especiales, tres comidas extraordinarias y la vida de su madre”.

También describe con lujo las cosas triviales en la vida de cada uno de ellos, los contrastes y las paradojas, el humor fino que se esconde detrás de alguno. Su literatura es atemporal, no hay referencias a fechas ni a ninguna época en concreto, es como si hablara de los tiempos de la naturaleza.

Hay en ellos un lenguaje agridulce, muchas veces mordaz, sazonado con ese acostumbrado lirismo realista que da la autora a su prosa. El mundo de estos es uno creado por ella a partir de sitios anónimos donde nunca se cita el nombre, crea un lugar que nada más existe en la mente del lector cuando se interna en los vericuetos de la escritura matuteana.

Otro aspecto importante en sus protagonistas es que no hay galanes con medidas perfectas ni musas con ojos azules y simétricas, son más bien los personajes arrinconados de la literatura, pobres, niños, adolescentes, náufragos, mujeres, todos ellos marcados por las carencias, por el abandono, el desamor, son una constante el desamparo y la soledad, propios del mundo de Ana María.

La madre como símbolo de protección y amor abnegado está ausente en sus relatos, en cambio hay madres que abandonan a sus hijos o no los quieren y los someten al rechazo perpetuo.

Los cuentos hablan no precisamente del estado de ánimo de la autora pero si puede que reflejen sus preocupaciones y sus obsesiones. No todo lo que escribió surgió de sus experiencias pero, a pesar de eso, supo apropiarse de todo.

Ana María Matute tiene la habilidad de escudriñar el mundo de los niños, narrarlo con maestría. Todo el mundo está rodeado de seres mágicos, algunos los pueden ver, otros no, ella no solo los veía sino que conversaba con ellos, les acompañaba en sus avatares y dejaba plasmado esos episodios de vidas vividas al lado de seres mágicos.

En la puerta de la luna, estamos como en el espejo de Alicia, frente a un mundo extraordinario convertidos en ese niño que aún duerme dentro de nosotros.

Si algún día se cruzan en sus caminos con un libro de Ana María Matute y sobre todo con La puerta de luna, no duden en tenerlo, es ahí donde encontraran razones para el asombro que es una de las fórmulas para no envejecer.

Ana María Matute

La puerta de la luna

Ediciones Destino

Colecciones Destino Clásicos.

850 páginas

U$ 43.

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