Resistimos bailando

ALDO ALDANAǁ En el  2009 la  chilena Isabel Allende publicó su novela número trece: La Isla bajo el mar. Ambientada  en Haití del siglo XVIII, cuando era una colonia de la convulsa Francia y recibía el nombre de Saint Domingué.

La novelista se vale de una esclava, Zarité, para contarnos la historia de la primera nación negra y libre, anhelado deseo de los esclavos antes de partir a  La Isla bajo el mar.

Tolouse Valmorain es un remilgado conde francés que, siendo joven, llega a Saint Lazare, la plantación de caña de azúcar que había dado estabilidad monetaria a su familia en la lejana Francia, de su mano, y conociendo sus ideales, es que nos encontraremos con Zarité, la esclava que será  parte de su historia, su concubina, le da  dos hijos, sería como una madre para su único heredero varón y la mujer que odiaría con todo su ser.

Narrada en tercera persona mientras existen monólogos de Zarité, lanzando frases que son como un adelanto de lo que pasará con los personajes, un viejo truco que mantiene a sus lectores en vilo, sobre todo con un escenario lleno de violencia, injusticia, crisis civiles que terminaron en guerras y matanzas, también hay lugar para el amor, el misterio, esa magia del vudú y la herencia africana que corre por las venas de todos los antillanos.

La revolución francesa se percibe desde otra perspectiva: afranchis, mulatos y negros que pugnaban por expulsar a los dueños de las plantaciones y la clase alta de la Isla, que por momentos era un títere del inestable  nuevo ideal francés.

Resulta curioso como Tolouse se ve atacado por la primigenia postura de no ser cruel con los esclavos, pero que, como todo dueño de las plantaciones, debía de tomar decisiones difíciles, Allende juega muy bien deformando el carácter de él, complejo personaje que como lector por momentos deseás rescatar.

Por otro lado,  nos traslada a Nueva Orleans, entonces también propiedad de Francia, donde Zarité y su amo luchan, aún más, por alcanzar sus deseos, ella su libertad y él, una historia que contar.

A lo largo de la historia nos sorprenderá con personajes de los más variados: prostitutas mulatas, generales del ejército, un médico enamorado de la magia medicinal de Tanté Roséla encargada del hospital de esclavos en la plantación, Maurice y Rossette, los medios hermanos, cuya forma de amarse nos sorprende, el ímpetu de Violette, el desenfreno del Señor García del Solar, en fin, toda una maraña de vida que pugna por lo mismo, vivir.

Y Zarité será libre bailando.

Celebré esa frase “mientras bailes Zarité, serás libre”, era la gota de filosofía que el esclavo que la crió le heredó, esa esencia del esclavo que baila, y que con su acción oran, piden a sus dioses, maldicen a sus enemigos, invocan el odio y el amor, un elemento que destaco y que nos sirve para comprender que  no solo los negros, sino también a las grandes masas humanas que se han válido de acciones tan simples para resistir.

Francia y su lapsus revolucionario serán una sombra perenne en toda la novela, pues nos permite vislumbrar cómo se vivió en estas tierras este acontecimiento, quizás El Siglo de las luces de Alejo Carpentier lo cuente de mejor manera, pero sin lugar a dudas Allende nos dejó esta obra entretenida. Ella  cumple su cometido de hacer estas obras entretenidas, a pesar de su extensión. Sus  heroínas tienen comunes  denominadores: perseverancia, indómitas y luchadoras hasta el final, pero con vidas y destinos crueles, sin duda alguna siempre trae con sus historias esa fina denuncia a la injusticia de la que siempre han sido víctimas las clases desfavorecidas en lo general y de la mujer en particular.

Las historias de esclavos traen consigo esa predisposición en el lector que se quedará traumado, como cuando leyeron La Cabaña del Tío Tom, pero al final son ese tipo de emociones las que hacen de la lectura la mejor de las formas de invertir tiempo.

Isabel Allende. La Isla Bajo el Mar. Plaza & Janés.  2009. $15.00

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