Ese Dios que no es amor

BÉKER DÍAZǁ Más de una vez, si nos hemos aventurado a leer las Escrituras, habremos notado la diferencia entre el carácter del Yahveh de los primeros siglos, con el Diosesamor de la era cristiana.  En esa comparación habremos pensado que a momentos se comportaba como un personaje malo, engañoso y contradictorio. Los ejemplos no faltan, seguro podríamos crear ingeniosas historias con ellos, aprovechando los cabos sueltos que nos dejan los hagiógrafos.  Es eso de lo que se vale José Saramago para entregarnos esta novela: Caín.

Publicada en 2009, siendo su última  novela, y la segunda  en que se aventura la temática bíblica después de El Evangelio según Jesucristo (1991); objeto de numerosas críticas el mismo día de su publicación, críticas de sectores religiosos en España y Portugal, a lo que Saramago comentó que no  las esperaba de parte de los creyentes, porque ellos no acostumbran  leer la Biblia. Con razón o sin ella, lo cierto es que acaricia lo profano y lo controversial.

La obra nos cuenta las aventuras de Caín desde su condena a vagar por el mundo, en una suerte de viajero del tiempo, montado en su jumento, no precisamente el burro del Domingo de Ramos, en un ir y venir de época en época. Así conoce a personajes históricos de la tradición judeocristiana como Abraham, Job, Noé, cuyos pasajes son abordados desde una perspectiva literal, no simbólica.

Dios, el otro gran personaje, nos es presentado más a “nuestra imagen y semejanza”: egoísta, caprichoso y vengativo. Esta prosopopeya peyorativa nos invita a alimentar nuestras dudas, contraponiéndonos al dogmatismo y a las miradas unidimensionales.

Es una novela  interesante, divertida e ingeniosa, pero más que eso, es un ejercicio de razonamiento justo y necesario, con diálogos cargados de ironías, con hechos que nos dejan una sonrisa de gracia e intriga.  Me permito, a manera de ejemplo,  compartir mi fragmento preferido de la novela:

“Dónde están Noé y los suyos, preguntó el señor, Por ahí, muertos, respondió Caín, Muertos, cómo muertos, por qué, menos Noé, que se ahogó por su libre voluntad, a los otros los he matado yo, cómo te atreves, asesino, a contrariar mi proyecto, así me agradeces el haberte salvado la vida cuando mataste a Abel, preguntó el Señor, El día en que alguien te colocara ante tu verdadero rostro tenía que llegar, Entonces la nueva humanidad que yo había anunciado, Hubo una, no habrá otra y nadie la echará de menos, Caín eres, el malvado, el infame asesino de su propio hermano, No tan malvado e infame como tú.”

Eso es lo que pretende Saramago: cuestionar la interpretación simbólica. Entonces, aquella historia de salvación se convierte en un carnaval de muerte. Así lo comenta la traductora al español, Pilar del Río: “Está hecho levantando todos los distintos episodios a ver qué es lo que se encuentra debajo; y debajo lo que se han encontrado han sido muchos cadáveres.”

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