Alguien sueña ser perseguido por los aztecas

JOSÉ LOPEZ VÁZQUEZǁ A Cortázar lo descubrí entre los estantes de los libros usados del mercado Roberto Huembes para finales del 2012, y lo hice a través de una obra que el escribió a raíz  de su visita a este país, Nicaragua tan violentamente dulce, una obra parcializada con respecto a la Revolución Popular Sandinista, a la que de cierto modo idealiza.

Luego leí algunos cuentos, entre ellos uno que me impactó: La noche boca arriba,  que integra la obra Final de juego, publicado en México en 1956.

La presencia del narrador omnisciente se percibe. La narración se desarrolla de manera alterna, es decir, en dos escenarios: el onírico y el real.

 No se puede descartar el influjo de surrealistas como Eluard, Breton y otros autores.

La trama inicia cuando un personaje anónimo aborda su moto para dirigirse a un destino no revelado; conduciéndola avanza entre jardines y villas, hasta que una mujer imprudente se lanzó a la calzada, a pesar de que el semáforo estaba en verde, por eludirla pierde el control de su motocicleta hasta chocar. Después de estar un rato desmayado, volvió en sí; sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla y cuando lo alzaron gritó. Luego fue llevado a un hospital, donde se le acostó y enyesó, se le suturó y limpió las heridas. Hasta aquí en la historia no ocurre nada fuera de lo normal, son situaciones de la vida real que ocurren con cierta frecuencia, sobre todo en un mundo mecanizado, víctima de la prisa y de las distracciones. No obstante, acostado (él) se duerme y siente olores, su capacidad olfativa  trasciende lo ordinario; se acostó y soñó que era un moteca tratando de inmiscuirse en lo más denso de la selva para huir de los aztecas que andaban de caza. En ese escapar, sintió que la guerra florida estaba cerca de comenzar.

Lo real influye en el sueño, y viceversa; ambos son entidades distintas entre sí, pero a la vez, están vinculadas como un siamés. Nuestro personaje trata de mantenerse despierto, ocupando su atención llena de falso de interés al ver e inventariar mentalmente: las poleas que lo sostenían en el aire, la botella de agua mineral ubicada en la mesa de noche, los armarios con vitrinas…de pronto, como una manera de mantenerse en vigilia, trataba de fijar el momento del accidente en su moto, pero se llenó de rabia al darse cuenta que tenía un vacío que no le permitía saber con claridad lo ocurrido. Recordaba el antes y el después del impacto, pero el instante preciso del golpe no.

Volvió a dormirse, y se vio en una mazmorra, donde los acólitos de los sacerdotes lo sacaban a través de un pasadizo. Sin embargo, el punto de interés, está en esa insistencia del protagonista de querer despertar, pues al hacerlo, se da cuenta que no puede, porque el verdadero sueño es el otro, donde él se encontraba hospitalizado.

La noche boca arriba, nos plantea que entre sueño y realidad existen correspondencias, por eso en las líneas finales de la narración se dan coincidencias cuando se nos dice que al personaje también lo alzan del suelo, o que también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano a él tendido boca arriba; además, nos indica que en el sueño puede convivir lo racional con lo irracional, presentándose  situaciones tan terribles, tan absurdas o de lo más normales a como suceden en la realidad, las que tienden a confundirnos y nos impiden distinguir entre lo onírico y lo objetivo, en el hecho de saber si estamos dormidos o despiertos.

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