Las cosas existen porque las tocamos, pero de esto se salva el tiempo

MARIO GUARDADO// Es arduo fijar en una reseña de quinientas palabras la perfecta complicidad literaria que le ha captado a Julio Cortázar una simpatía universal, que lo ha montado en el trono de celebridad y a sus libros les ha dado el nombre de clásicos.

Releyendo sus cuentos puedo confirmar que la vida cotidiana y banal en el mundo  cortazariano se transforma en literatura de alto nivel, que hipnotiza y transforma, no se sale igual de un libro de este escritor aficionado al jazz y a la trompeta. Aunque tengo que confesar que me aburrí un mar leyendo Rayuela y 62 modelos para armar, me ha ido mejor  con los cuentos de Historia de cronopios y de famas.

 Hoy quiero hablarles sobre El Perseguidor,  considerado el cuento más largo de Cortázar. Para una persona no acostumbrada a la lectura sería un reto, en la relectura me permitió captar mejor las imágenes que tiene, está inspirado en la vida de Charlie Parker un cantante de jazz estadounidense creador del estilo bebop a quien Julio admiraba mucho (publicado en 1959).

Las imágenes están desde el arranque, nos traslada a ese cuarto donde encontramos al personaje Johnny Carter, circundado por un ambiente de escaza luz como una metáfora de lo que era la vida que llevaba el músico, rodeado de pobreza envuelto en adicciones en la París de la post guerra.

El perseguidor marca un giro importante en la literatura del creador de Rayuela, si bien no es una biografía de Charlie Parker los puntos en común que tienen con el personaje son la adicción a los estupefacientes y la vida caótica que vivieron.

El mismo escritor hablaba de que su labor literaria había estado marcada por tres etapas, estas eran; la estética, la metafísica y la histórica, a El perseguidor lo ubica en la etapa metafísica. Este fue el germen para escribir luego Rayuela, y lo que está plasmado en estos son las preocupaciones de los personajes, pero a la vez son las misma que atacan a Cortázar en su vida cotidiana.

Los temas recurrentes son el tiempo, la música y la muerte, el cuento es considerado un solo de jazz por algunos críticos. Cortázar juega con el tiempo futuro marcando un deje profético que nos contagia la ansiedad del personaje principal de querer saber qué va pasar más allá del tiempo. Trasmite esa sensación de despojo, de pesimismo denso, realismo crudo sobre la conciencia de ese ser perseguidor y a la vez perseguido, cuando piensa en el tiempo que se deshoja, aquella frase de Johnny donde dice que el traje existe cuando él se lo pone encierra todo ese sentimiento.

También nos lleva a pensar como muchas veces la genialidad de un ser lo lleva hasta la cima, pero otra parte de sí mismo lo sumerge y lo opaca. La obsesión de Johnny por el tiempo es una especie de refugio virtual para huir, perseguido por sí mismo, para escabullirse de su autodestrucción. Es el tiempo que nos devora, que no perderá ni un segundo, “que perdona a ninguno”, pero con Julio Cortázar podemos fantasear que es posible llenar al tiempo de cosas para distraerlo de su voraz carrera en nuestra contra. “Por eso es mejor creer que este tiempo no tiene nada que ver con nosotros” y creer que estas reseña la estoy escribiendo mañana y que ustedes la leerán  mañana, porque Johnny siempre está tocando una melodía mañana.

Julio Cortázar

Cuentos Completos Tomo I Alfaguara

Páginas 606

U$ 27.

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