Pequeño manual del placer

JOSÉ LÓPEZ VÁSQUEZǁ La primera narración erótica que tuve en mis manos, fue La filosofía en el tocador del Marqués de Sade, la cual vino a mí como un obsequio valioso y único de un colega. La segunda, fue Los once mil falos de Apollinaire. Lo leí y me impresionó. La tercera fue La máquina de follar de Charles Bukowsky. La descubrí en una visita no planificada a la Biblioteca Alemana Nicaragüense, cuando me puse a revisar el catálogo de libros de autores norteamericanos. Su título me atrajo y ese mismo día lo presté y leí con mucha curiosidad. Y la última, pero no menos importante, fue Gracias y desgracias del ojo del culo de Quevedo, es un texto que me recomendaron en un recital y que ojeé con asombró en una página virtual.

Todas ellas, (aparte de algunos libros de poesía) fueron la materia prima, el fundamento de mi libro Infierno erótico. Además, considero que influyeron por sus cualidades sadomasoquistas, sucias y descarnadas en Los amores diurnos de Francisco Umbral, publicado por la editorial Kairós (Barcelona 1979).

Esta obra, de naturaleza inclasificable, promiscua, bien podría ser un poema, una novela, un ensayo o un dietario. Y forma parte de los libros de mi propiedad desde hace unos  meses y gracias a esta he concretado una serie de poemas de gran imaginación e inventiva. Su trama se desarrolla a través de un narrador protagónico y en una estructura lineal, donde el tiempo es el presente.

Las acciones se centran en tres referentes: Leticia/Lutecia, la cual es un personaje ficticio, según lo aclarado por el propio narrador en la página 62. Del mismo modo, Baudelaire, aparece, no como una evocación o invocación literaria, sino como un personaje. Y, por último, el gato.

Desde las primeras páginas,  Umbral hará uso del recurso de la descripción, el cual será empleado magistralmente a gusto y antojo en toda la narración. Dicho recurso lo utilizará de modo detallado, claro y directo:

La vagina de Leticia/Lutecia era una vagina estrecha, intransitada, caliente, con la presencia de frescas humedades cálidas y el temblor de un pájaro sangrante, que fuese el hueco de un pájaro.

Más adelante, nos planteará una situación hecha integralmente de un ingenio ácido. Comparará un acto que es considerado contra natura por la doctrina cristiana con una especie de comunión inversa:

Introduzco por el recto delicadamente, empujando el supositorio blanco –y tan lleno de fuego- como una hostia oval en una comunión inversa.

Pero esta obra, escrita con un estilo muy particular llevó a Umbral, según muchos críticos, a una de las cúspides más altas de la literatura española de todos los tiempos. Donde la originalidad, el lirismo, el surrealismo y el intimismo se funden. Donde la creatividad, la sobriedad, la crudeza e imaginación se mezclan en un solo combo. De acuerdo a ciertos párrafos o fragmentos de capítulos, bien pudo llamarse Manual para el buen amante:

Para la masturbación de clítoris mediante la lengua, se aconseja doblar a la mujer por la cintura, con los muslos contra el vientre y las rodillas contra los pechos…

o bien:

Lo que conviene, haciendo el amor, es introducir el dedo anular en el recto de la mujer. Esto contribuye, naturalmente, a estrechar la vagina y magnificar el falo, con lo que ambos contrayentes tienen copulaciones mucho más felices.

Así mismo, hará mención del sadomasoquismo con toda naturalidad. Como una fuente de placer a la cual se accede a través del dolor, de la violencia:

Yo creía de después del orgasmo no había más, y resulta que había más: el crimen. De modo que una tarde cogí todos los cuchillos de la cocina, traje todas las hojas de afeitar del baño (supongo que con ellas se afeitaba Leticia/Lutecia las longitudinales piernas), destrocé algunos vasos con cerquito de oro y algunos cuellos de botella, tomando la cristalería que era el xilofón espontáneo de su casa, y le clavé filos en el cuello y la espalda, un puñal de anís del Mono entre los pechos, un garfio de chivas regal en el sexo, que rasgué hacia arriba y todo entre el incendio de sus gemidos de placer y el vals de las olas de su llanto feliz.

Los amores diurnos no está constituida para mentes cerradas, dogmáticas o llenas de prejuicios. Más bien es una aventura que nos conduce a paraísos insospechados de lujuria y deleite de la que solo pocos podrán gozar. Y es una lectura obligatoria para todo aquel que desee conocer y comprender con claridad la arquitectura y manejo de la narrativa erótica contemporánea.

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