La perra es mi hija

ULISES MONTOYAǁ Narrada en tercera persona, la novela La perra (2017) de la colombiana Pilar Quintana es corta, ligera, rápida de leerse. Una obra con una visión real de las relaciones matrimoniales de estos tiempos. No es una novela romántica, el lector adorará a Rogelio y sentirá la profunda soledad que atormenta a Damaris.

Su estructura no presenta experimentos narrativos, pocas analepsis, sin embargo, el realismo desgarrador del ambiente donde se sitúa la novela (las situaciones de la infancia de Damaris que la han marcado, la exuberante selva indomable y sus terribles secretos)  atrapan al lector. 


La Selva es impenetrable y terrorífica, sin embargo florece, nutre de vida su entorno. Es un personaje mudo y temido por su exquisita vegetación que se renueva constantemente. Inspira terror, no importa la tecnología, sigue dominando todo el territorio de una forma espesa y silenciosa.  Dentro de la novela mata sin piedad y devora vivo a cualquiera que intente invadirla o se introduzca en busca de algo o de alguien.

La perra representa la fertilidad y la actitud de la mala madre dentro de la obra.  Es la idealización del hijo que no se puede tener por parte de Damaris. La cuida como una hija, el vínculo entre las dos es único, aunque cambiará poco a poco debido a sus constantes partos. Damaris sentirá desprecio hacia la perra por el desarraigo que tiene hacia sus cachorros. Su final dentro de la novela es triste y cierra un ciclo repetitivo.

Rogelio es un personaje fascinante, podrá verse el típico macho rudo del campo, el pescador de facciones y carácter duro. Él ama a su mujer aunque duerman en cuartos separados y no tengan sexo (antes era lo contrario). El  narrador lo pinta cruel con los perros de la cabaña, sin embargo por su mujer adora a la perra. Él es capaz de hacer cualquier locura por su mujer, sabe que no pueden tener hijos, pero eso no lo atormenta tanto como a su esposa. El  amor  hacia su mujer es honesto y franco, representa una fidelidad digna de ser ejemplo. La felicidad de Damaris para él es primordial e intenta todo lo posible  para dejarla en cinta. 

Damaris es un personaje que no se ha podido realizar como mujer por completo, ella desea un hijo. En la novela no se queda claro quien de los dos no puede engendrar. Damaris ha exteriorizado su amor materno con el cachorro que le han regalado, le ha puesto el nombre que tendría su hija, si hubiera parido. Pero todo se complica cuando la perra queda preñada. Damaris exterioriza soledad y le da envidia de verla  preñada, pero aún así, la adora como hija. El conflicto entre Damaris y la perra crece cuando esta pare los cachorros. Damaris ha llevado en cada locura por tener hijos a su marido, le ha dado aguas con hojas del campo, lo ha llevado a visitar curanderos y él nunca se opone, siempre la acompaña. Ambos sueñan con ser padres, pero ella está en la edad donde la mujer se seca. Damaris expone sus temores e insatisfacciones como mujer en toda la novela.

La autora nos muestra un mundo sofocante, frustrante y lleno de soledad en la mente de la mujer que no puede quedar preñada. El deseo de sentir una criatura transformando su cuerpo asfixia a Damaris. Ella no puede ser madre, pero a su alrededor nace vida.


Una obra donde el lector será seducido por la manera tan honesta de contar un lado poco conocido de las mujeres que no pueden quedar preñadas. Quintana se luce en ese tópico femenino en una mezcla de amor y odio, realidad y humor negro.

Una novela muy humana que toca las fibras de cualquier lector. Su final es desgarrador y muy triste, una novela recomendable.

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