El muro de la historia: la mujer y la culpa 

ULISES MONTOYAǁ Laura Esquivel construye en Malinche (2006) una novela con una base lírica muy fuerte. Cada palabra entretejida tiene un significado connotativo: metáforas tan viejas con olor a aborígenes americanos, las hipérboles majestuosas de los dioses mayas y aztecas, símiles tan delicados como los cantos épicos griegos. La palabra, el pensamiento y la memoria son la mezcla perfecta de la novela. Otra técnica usada por la autora para enriquecer la novela es el sueño onírico, este juega un papel fundamental para completar los laxos oscuros de la historia.  

La novela es breve, tiene cinco capítulos, su narrador es omnisciente y su tema primordial: la reivindicación de la mujer. Sin embargo, los mexicanos jamás la verán como una mujer engañada sino todo lo contrario, siempre será vista como la culpable que vendió por amor a su pueblo.

Laura Esquivel nos presenta una mujer que será aborrecida por la historia. Malinalli nace en 1500 sin trono ni fortuna dentro de su pueblo de cultura maya. Una mujer inteligente y creyente en su religión. Bautizada por la Santa Iglesia Católica y Romana que exterminaba a su pueblo y su cultura como Marina. Fue la traductora, intermediaria y querida de Hernán Cortés.

La novela inicia con el nacimiento de nuestra protagonista. A través de los flashbacks regresamos a los orígenes de su cultura y la comunión que tenían los aborígenes americanos con sus dioses. Fue regalada como esclava. Miraba a Hernán Cortés como su dios que regresaba para abolir la muerte en la piedra. Conoció como traductora a Moctezuma, de ese encuentro supo el odio y el temor que le tenía su propio pueblo. Con los años descubrió que fue engañada por las ansias de poder de Cortés y sintió culpa. La historia jamás la perdonará y el peyorativo de malinchismo seguirá vigente para quien aborrezca su origen y su cultura.

Hernán Cortés era un animal político, excelente estratega, pero su ambición al poder lo habría llevado a exterminar a un pueblo, quemar sus pirámides y destruir cada dios, robar cada pieza de oro por un espejo y collares. Sabía que su fiel intérprete (Malinalli) traducía cada palabra con fiel sonido romántico del maya y azteca. Se aprovechó de una mujer para obtener el oro y conquistar con guerra y enfermedad a toda una cultura.

Malinalli vivirá una culpabilidad que la atormentará el resto de su vida. Una novela muy hermosa, escrita con tan sutileza y ternura. Tiene un final que deja al lector con un sabor agridulce. El lector deduce que Malinalli fue engañada y siente la culpa de la mujer. Así como inicia la novela, el final tiene ese sabor de conexión, volver a su origen, a su raíz. La lengua y la memoria son los dos elementos que no olvidan un pueblo.

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