La señorita que le buscaba novios a sus amigas

ALDO ALDANAǁ Hace un par de años, cuando leí por primera vez a Jane Austen me quedé con la idea de que, y esto solo por que vi Orgullo y prejuicio (1813)  la adaptación del 2006, que sus novelas solo iban de jovencitas presionadas para conseguir marido. Pero bueno, Emma (1815), es otro escenario: Austen se cruza la calle y habla de la cancha de los privilegiados de su época.

Comenzó a escribirla en 1813, cuando contaba con 38 años, ya había publicado  tres novelas, y aunque seguía manteniendo incógnita su autoría sobre éstas, su identidad era un secreto a voces.

Austen nos regala una protagonista diferente y, siento yo, se abandona un poco la ironía para evidenciar aún más sus inquietudes: Emma Woodhouse —la heroína de esta novela— es rica, joven, se considera bonita, lista e inmune al amor, porta en su haber el proyecto exitoso la boda de su institutriz la Srta. Tylor con el Señor Weston, por ello pretende encausar a un mejor prospecto a Harriet Smith, alejándola de Robert Martín, conduciéndola a desilusiones épicas; se inquieta ante las pretensiones de independencia de Jane Farifax, y no parece ceder a los encantos de Frank Churchill, sin embargo será el Sr. Knightley quien se convertirá  en su más severo crítico.

A primera vista pareciera una novela de chismes, pero no. A favor de Austen hay que decir de manera insistente que escribe sobre lo que la vida le permitía ver, sobre su mundo: el entorno rural de la época de transición entre las eras georgianas y victorianas, la reducción de la mujer a cultivar sus “talentos” y la jerarquía social dominada por la revolución agraria que antecedería a la industrial.

Así pues, con esta historia donde está presente el amor como hilo conductor y relegado a un asunto secundario, muestra también lo déspota que podrían llegar a ser juzgadas las personas por su condición social, sus rentas, su estatus legal, sus padres, sus parientes y obviamente sus recursos económicos.

No es fácil de leer, es tediosos por momentos, aunque confieso que conecté con los personajes que me parecen tan bien logrados, que hasta podía ponerle voces diferentes a cada uno.

Jane Austen sabía contar historias, pienso que luego de tres siglos de la aparición de sus obras nos hace sonreír de vez en cuando.

Por momentos me preguntaba si la autora había conocido a una persona quien le inspirase a Emma o, si esta seria su alter ego, pues Emma Woodhouse no tiene las preocupaciones de los personajes femeninos de su edad, pero esto únicamente se lo debe a su dinero, resulta repulsiva a veces, aunque sin dinero no tenían derecho a tener más defectos: era suficiente y te hacia objeto de la lástima de los demás.

¿Un final feliz? Claro, no serían de Jane Austen Elizabeth Bennet y Marianne Dashwood, esto demuestra las pautas que marcaban una novela de éxito para el nuevo público que iba surgiendo con la aparición de la imprenta.

Vale la pena leer a Jane Austen, aunque he de confesar que la veo con otros ojos luego de haber leído Una habitación propia(1929) de la también gran escritora inglesa Virginia Woolf.

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