El verdadero Frankenstein

NOHELIA ZEASǁ Es bien sabido por el mundo que Frankenstein (1818) de Mary Shelley no fue concebida como por quien busca escribir y dar vida a un best seller, al contrario, su novela que hoy en día goza de renombre en el mundo literario y más allá, pues ha expandido sus horizontes más lejos de sólo las páginas de los libros y dado vida a múltiples leyendas y cintas de franquicias de renombre como Frankenstein (1910), El doctor Frankenstein (1931), La novia de Frankenstein (1935), La resurrección de Frankenstein (1990), Frankenstein de Mary Shelley  (1994), sólo por mencionar algunas.

Su novela no fue concebida para su publicación, sino, como medio de entretenimiento y competencia en 1816 entre un grupo de amigos, que se encontraban  visitando a Lord Byron, (incluyendo a Percy y Mary Shelley), y quedaron atrapados en Suiza ante las condiciones del mal clima causado por una erupción del monte Tambora en Indonesia, con la oportunidad de emplear su imaginación y así crearon historias de “fantasmas”, de las cuales nació y ganó Frankenstein, que tuvo un antes y un después en la literatura y cultura en general.

Hay que señalar, que a diferencia de otras novelas de la época, Shelley, quien publicó Frankenstein en el anonimato para posteriormente hacerse con su autoría, en un mundo donde era concebido que las mujeres sólo escribían romance, se sostuvo la creencia de que el verdadero creador de la obra fue su esposo, Percy Shelley, a quien se le atribuye que contribuyó en algunas correcciones y el prólogo, pero no la obra en sí, Mary  la escribió  a pesar  del luto que guardaba por su hija Clara, quien murió sólo seis semanas después de su nacimiento (2 de septiembre de 1817), lo que causó repercusiones en la escritura de su obra, pues sucedió mientras la terminaba.

Inicialmente narrada de forma epistolar por Victor Frankenstein, un estudiante de medicina de Ingolstadt, quien le aporta tintes de curiosidad y moral científica a la obra, en donde el mismo lector concibe empatía hacia un hombre que se ve a sí mismo aprendiendo una ciencia dejada a un lado por sus colegas y considerada obsoleta debido a las nuevas invenciones de una época que daba vida a la industrialización, pero siendo esta ciencia obsoleta la que le hizo brotar la semilla de la curiosidad y ambición al hombre, y lo que le llevó a experimentar como lo hizo después.

La obsesión del protagonista por la creación humana y su afán por desentrañar los secretos del alma lo lleva a múltiples experimentos que no se llegan a explicar en toda la obra, esto con la intención de que no se llegase a repetir tal “abominación” y  cuando la criatura de al menos dos metros de altura cobra vida y aterroriza a su creador, éste rechaza con vehemencia el resultado de sus experimentos y huye de su laboratorio, dejándolo en el abandono; es así que cuando Victor regresa, la criatura ha desaparecido y éste, por un tiempo, cree que la cosa ha terminado ahí, sin embargo, a lo largo de la obra podemos ser testigos de cómo sigue a Victor la sombra de su pecado  y la inocencia de su creación se ve corrompida por el rechazo y desprecio de la sociedad que lo convierte en un monstruo.

Sobra decir que a diferencia de la creencia popular y las cintas  referidas hacia la obra, la criatura a la que da vida Victor Frankenstein no es poseedora jamás de un nombre, algo que el monstruo le asevera en más de una ocasión por su crueldad y falta de afecto hacia su creador, quien hasta entonces se creía su hijo.

Esta es una historia representa un claro concepto de la percepción hacia nosotros mismos, una crítica de cómo el humano se cree superior, al grado de experimentar y verse engrandecido por los resultados de sus invenciones, las que han creado un antes y un después con la tecnología, quienes se vanaglorian por haber contribuido sustancialmente al desarrollo del mundo, porque el ego, ante todo, es lo que mueve al hombre, porque eso era lo que movía a Victor, y el hecho de saberse a sí mismo un Dios.

En la obra, podemos ver otro extremo del ser humano, como la inocencia puede ser corrompida a través de lo duro que te toca vivir, las experiencias inhumanas que otros te hacen pasar por no cumplir ciertos estándares y expectativas, no proceder de un cierto linaje o como nuestra criatura: no ser poseedor de una belleza que le hiciera tolerable a los ojos ajenos.

Las únicas personas que sintieron “algo” hacia la criatura fueron aquellas que se vieron beneficiadas por su bondad, pero hasta que pudieron verle a la luz del día y juzgarle por su apariencia sin antes haber escuchado su procedencia, es por ello, que obras como ésta, por su fuerte crítica a la sociedad y la veracidad con que su narración juzga la misma y escritas hace dos siglos, consiguen estar tan presentes.

Es el hijo o su creación quien termina las epístolas sobre la historia de ambos, es por esto que podría contar a Frankenstein como una de mis obras predilectas, uno de esos libros que se debería leer al menos una vez en la vida y disfrutar cada página, pues, no por nada es considerada uno de los pilares de la ciencia ficción, y Mary Shelley, la madre de este género.

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