Molière y los médicos

BEKER DÍAZǁ Muchos adquieren opinión de doctos, no por lo que efectivamente saben, sino por el concepto que forma de ellos la ignorancia de los demás. Con esta frase concluye Molière una de sus mejores obras, El médico a palos (1666), la cual se constituye como una de las mejores comedias breves del género dramático. Si bien en la actualidad el cine ha arrebatado el protagonismo que tenía el teatro en la cultura popular —aunque Broadway se resiste a morir—, este autor se mantiene vigente por la calidad y universalidad de su crítica social.

Jean-Baptiste Poquelin, llamado Molière para evitarle vergüenza a su familia, nació hace ya 400 años, fue autor de al menos 29 obras de teatro, entre las cuales figuran comedias, tragedias, farsas, etc. Es considerado el padre de la Comedie Française y, con justa razón, uno de los mejores dramaturgos de todos los tiempos.

Cualquiera de sus obras valdría para mostrarnos el porqué de tal reconocimiento. Pero El médico a palos, en especial, reúne elementos que la hacen relucir entre las demás. Si no ha sido suficientemente polémica la declaración con que cierra el último acto y cae el telón, sí habrá de serlo todo cuanto le precede.

Esta obra se publicó en 1666, con el título original Le médecin malgré lui, traducido como El médico a su pesar.Molière se hallaba convaleciente al momento de escribir esta comedia. Es por ello muy notorio el desprecio de su parte a los médicos. Ora por los tratamientos que recibía (sangrías, caldos, especias), ora por la poca preparación que tenían los galenos en su época, la obra es una bofetada al orgullo de los doctos de entonces. No fue la única vez que el autor abordó el tema de la medicina, también lo hace en obras como El doctor volador (1645), El amor es la cura (1665), El enfermo imaginario (1673), entre otras.

Todo comienza con Sganarelle, un leñador, esposo de Martina, a quien maltrata constantemente. Esta quiere vengarse de él, por lo que con embustes convence a unos servidores de Geronte (un rico señor) de que Sganarelle es un brillante médico que puede curar los pesares de la hija de este. El único detalle a tener en cuenta es que el leñador debe ser apaleado para que reconozca que se dedica a curar gente pues es un hombre en extremo discreto.

La pluma del dramaturgo se hace notar por su elocuencia y astucia abordando temas tan serios como la ciencia y los mitos en medicina, la ética, la pena de muerte, la venganza, la mentira y el desamor, todo esto desde la sátira y el ridículo. Se trata de una obra de solo tres actos, muy breves, que puede devorarse en menos de dos horas. Sin duda uno de los grandes trabajos del genio francés, entretenido, controvertido y siempre actual.

La vida de Jean-Baptiste Poquelin fue relativamente breve, pero en sus casi treinta años de actividad nos legó obras tan importantes como Tartufo, Las preciosas ridículas, El misántropo, etc. Su vida, aunque fue más una tragedia, fue en sí misma una ironía, y  terminó por complicaciones de tuberculosis mientras actuaba en el teatro, vestido de amarillo, representando  el papel de Arpagón en El enfermo imaginario. Cuatro siglos después su legado permanece vivo.

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