Si esta fuese mi última lectura

BRENDA GÓMEZǁ Plantearse ser escritor debe de ser algo muy difícil, y más en un país como Nicaragua donde un libro no es precisamente parte de la lista de gastos. Dejando a un lado el asunto económico, pero no el académico, porque es evidente que hay muchos y muy buenos lectores, sigue siéndolo por el fácil acceso a material bibliográfico en las redes, y tu libro no será, siendo realistas, la primera alternativa de consumición.

No creo que todo esto recaiga en los tiempos modernos, en que sí hay una sobre estimulación de la información o no, creo más bien que se debe a que en nuestro país nos sabemos de memoria las frases que se utilizan para presentarnos a un nuevo intelectual, y que dichos calificativos nunca han sido certeros.

Por eso los pasos que dan algunas editoriales para desafiar este panorama nos parecen inútiles. Pero si hay una cosa que debemos de tener en cuenta quienes solo a través de la palabra se nos hace más fácil medir la realidad es que, no podemos dar por muerta nuestra literatura. Lo digo porque hace unos meses leí “Mausoleo de Pájaros” de Ernesto Castro Herrera, publicado por “Edicioneslachancha”. Un libro de relatos donde el desgarro y la esperanza se hacen gráficos.

Por primera vez leí sobre los borrachos que aparecen en los barrios en su forma real y visceral, alejados del modelo Truman Capote o Ernest Hemingway, donde unas copas de más desataban toda la creatividad interna, envueltos en ese halo de lujo y exotismo. Por el contrario, en los relatos de Ernesto, el alcoholismo es el martillo que destruye a la familia, el horror de personas sucias y meadas amaneciendo en alguna acera. Jóvenes frustrados, el drama de la migración, la pobreza, son algunos de los hilos que entrelazan sus narraciones, realidad pura.

Para una joven editorial como “La chancha” me parece una gran carta de presentación. Hoy en día, donde el término “construirse” resulta repetitivo, el libro podría ser la apuesta para que este no sea vacuo. Aparecen palabras y términos que nos van formando, que van haciendo que aparezca nuestro rostro y extremidades frente al espejo, va haciendo que todo resulte familiar como suele pasar en la poesía de Marcia Ondina Mantilla o los libros de Ali Smith. Es muy alentador que apostaran por un joven que describe nuestra realidad sin falsear recuerdos o los pasa por un filtro imitando a los escritores burgueses y transcribiendo vivencias del primer mundo.

Las últimas veces que he leído un libro me sentencio a mí misma y no sé porqué, de que si este es el último que leo estaría conforme, y con “Mausoleo de pájaros” lo dije muy firmemente. “Estaciones de un calvario”, “Muñón” o “Jenga”, son algunos de los relatos que más repasé. Hasta qué punto los acontecimientos moldean la imagen que percibimos del mundo, las cosas cambian constantemente pero no significa que se solidifican. Perforar y perforar, con la misma pieza y la misma velocidad porque de eso depende nuestro salario, nuestra vida. Movimientos repetitivos hasta que caiga la noche como decís vos, Ernesto, pero yo ya no siento que lo hago sola.

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