Se buscan cómplices

CECILIA RÍOSǁ Recientemente tuve un encuentro extraordinario con un ser vivo ansioso por interactuar, en busca de alguien que lo descifrara, vibrara con él y le hiciera crecer. Se trata de la colección de microrrelatos La vida en diminutivo del escritor nicaragüense Alberto Sánchez Argüello, con quien he tenido la oportunidad de intercambiar impresiones en el marco de la publicación de su libro La vida en diminutivo (2022).

En literatura toda obra permite diversas lecturas, tantas como lectores pasen sus ojos por ella e incluso una distinta por cada relectura, ya que nuestra cosmovisión es única y cambiante conforme nos alimentamos de experiencias. Los escritos se completan al ser leídos e interiorizados. Esto se vuelve más válido incluso con la microficción, un género que en palabras de Sánchez “permite condensar las ideas, explorar múltiples tópicos y estilos, a la vez que genera un nivel de vínculo co-creativo con el lector que no tiene comparación con otras formas narrativas”. Nos convertimos en un colaborador activo por la inquietud que provocan sus creaciones.

Siempre he admirado los cuentos por ser cápsulas que contienen universos enteros concentrados en tan poco espacio. Ahora veo cómo se pueden sintetizar aún más para ser píldoras efervescentes que impactan de sopetón y que además tienen efectos prolongados. Al usar tan solo lo imprescindible en el relato, los lectores nos convertimos en ese actor clave para que exploten los mensajes, se devele lo que apenas se asoma y el autor nos lleve por recovecos interpretativos al tomar por asalto nuestra psique.

Solemos usar el diminutivo con una semántica de afecto, para suavizar el contexto o reducir el impacto de nuestras palabras. El diminutivo en el título de esta colección no tiene nada de eso. Por el contrario, es un recurso para mayor emoción: la brevedad te desasosiega con un contenido que a pesar de rayar en lo fantásticamente absurdo, se saborea plausible con lugares y acciones comunes de  la vida diaria, cuadros de la sociedad que te llevan a una profunda desesperanza para maquinar mundos paralelos y creer en distopías.

La colección está amenamente variada. En ella encontramos un desempleado que de repente llega a su hogar guiado por un lazarillo, una familia en apariencia común pero que es más bien de esos vecinos terroríficos, historias con enfoque de género, un moderno viaje al centro de la Tierra con accidentados hallazgos de nuestro podrido mundo en el camino, varios vistazos a un futuro donde todo puede ser peor hasta una mini serie de relatos con una desconcertante meta ficción.

Encontramos también alusiones claras a grandes de la literatura como el maestro de la ciencia ficción Julio Verne, el rey del terror Stephen King, así como mundos y personajes que bien podrían ser del ideario de Borges o Kafka. Alberto me cuenta que su minificción “es muy intertextual, primero porque es uno de los recursos más efectivos para lograr profundidad con concisión: recurrir a marcos cognitivos comunes con el lector modelo, como son las lecturas comunes; y segundo porque siempre he sido lector y la minificción es perfecta para construir mundos textuales a partir de referencias a otros libros que he disfrutado y que me han marcado”.

Los mini relatos de Sánchez han atraído la atención de varias editoriales latinoamericanas que han publicado su obra y ahora tenemos el gusto de contar con un tiraje en casa de la mano de Anamá Ediciones, evidencia de que el género está cobrando auge en nuestro país. Esa popularidad se debe en buena parte a los esfuerzos de difusión de cultores de la narrativa breve, entre ellos Alberto, quienes han organizado eventos culturales como el primer festival regional de minificción que se celebró este año de forma simultánea en toda Centroamérica con actividades diarias durante una semana entre las que destacaron talleres, presentaciones de libros, ponencias y lecturas con micrófono abierto.

La próxima vez que visiten una de las librerías de nuestro país, déjense encantar por ese pequeño muñeco vudú que verán en los anaqueles, les prometo que los alfileres que penetrarán su mente son emisarios con mensajes codificados para que le den rienda suelta al ejercicio creativo como lectores cómplices.

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