GABRIELA GONZÁLEZǁ Latinoamérica es una mezcla, ya lo sabemos, cada región, cada país, cada ciudad y cada pueblo tiene sus particularidades, cosas que nos hacen sentir orgullosos y nos da ese sentido de pertenencia; cosas que queremos que perduren porque nos definen, nos gustan y apreciamos a partes iguales, gastronomía, música, rituales, danzas y creencias. Pero en ocasiones todo esto se nos niega, nuestros países y gobiernos son incapaces de generarnos el mínimo estado de bienestar, nos arrincona y nos somete a discriminación y más miseria.
En este octubre, que nos hace reflexionar siempre en nuestras raíces y despierta ese orgullo por lo que somos y queremos ser, que nos hace pensar cómo nuestras diferencias nos hacen uno solo; recomiendo tres películas sobre gente en lugares que desde nuestro istmo suenan tan remotos y aislados pero que sus realidades y sueños son los mismos que los de cualquier nicaragüense.
Empiezo con un documental “Camino a la escuela” (Pascal Plisson, Francia 2013). Nos muestra los duros trayectos que realizan algunos niños para poder acceder a la educación. No es estrictamente un documental ya que hay una evidente puesta en escena y se nota guionizado, pero eso sería como cuando te apuntan a la luna y solo ver el dedo. Prima el mensaje sobre lo técnico.
Acompañamos a Zahira por las escarpadas montañas de Marruecos. Jackson y su hermana en la sabana de Kenia, y los peligros que conlleva caminar entre leones, elefantes y rinocerontes. Atravesamos a lomo de caballo la pampa argentina junto a Carlitos y su hermana. Samuel es arrastrado en su silla de ruedas por sus dos hermanos en la India. El documental transmite mucha esperanza e ilusión, solo nos hace desear que los chavalos tengan un buen futuro; cuatro ejemplos de resiliencia y esfuerzo, cuatro casos que seguro se repiten día a día en el campo y los barrios de nuestra Nicaragua.
¿Qué es ser buen ciudadano? ¿Cómo manifiesto el amor por mi país? ¿Exaltando nuestras expresiones culturales, intentando ser un agente de cambio? ¿Pero qué pasa cuando de repente ese lugar te rechaza y no es posible continuar en el lugar donde naciste? Aunque trates de representar lo mejor, rescatar, ayudar… simplemente hay algo que no calza con la idea de lo que es ser “normal”. Todas estas interrogantes se plantean en “Al final bailamos”, (And then we danced, 2019 Suecia. Levan Akin).
Es una historia enmarcada dentro de lo que son las danzas georgianas, donde se hace gala de una exacerbada virilidad, en una sociedad marcada por la homofobia y la intolerancia. Situación por la que pasan muchos nicas, escapar, ya sea por prejuicios, cuestiones políticas o exclusión social.
Por último recomiendo la película colombiana “Los reyes del mundo” (2022, Laura Mora). Una especie de road movie de un grupo de amigos, unos adolescentes marginados en Medellín, y que podrían ser perfectamente chavalos de la terminal de buses de León o cualquier mercado de nuestras ciudades. Seres a los que invisibilizamos; ignoramos si nos hablan porque su miseria nos increpa y no queremos vernos en ese espejo, porque sabemos que esa indigencia acarrea demasiadas implicaciones y en mayor o menor medida todos estamos cerca a ese abismo. Es una historia dura, retrata problemas como el tráfico de personas, los desplazamientos forzados, como somos racistas entre nosotros mismos y el cómo las empresas se apropian de las tierras de los campesinos, también hay amistad, compañerismo, humor ante la adversidad, algo muy, muy latinoamericano, algo muy, muy nica.
