GABRIELA GONZÁLEZǁ Todos hemos crecido con las historias de Disney, en su mayoría son clásicos clavados ya en la memoria colectiva, iniciando como historias para un público infantil, han ido traspasando generaciones y volviéndose cada vez más adultas, siendo pensadas para niños son un gancho para los padres, con subtramas o guiños que solo un adulto entendería, esta fórmula la ha aplicado muy bien Pixar y DreamWorks; Studio Ghibli siempre produce historias de niños o adolescentes, pero con un trasfondo muy maduro y esa reivindicación por la naturaleza y el mundo rural, siempre con grandes alegatos ecologistas, por su parte Aardman Animations, nos ha dado un estilo en sí, con sus plastilinas y arcilla en stopmotion y sus adorables animalitos. Así que hoy más allá de los consagrados Pixar, DreamWorks, Ghibli o Aardman Animations, recomiendo dos películas que cada una son ya clásicos del cine indie animado.

La primera recomendación es Cuando el viento sopla, es una película británica de 1986, dirigida por Jimmy Murakami, basada en la novela gráfica del célebre ilustrador Raymond Briggs quien también estuvo a cargo del guion. Esta dupla ya había trabajado antes creando el cortometraje de otra historieta de Briggs, The Snowman, un cuento infantil muy conocido y popular en el mundo anglosajón.

Con un mensaje claramente antibelicista, la historia nos muestra los estragos de las armas nucleares, centrándose en Jim y su esposa Hilda, una pareja de ancianos que viven en el campo, un poco ajenos a lo que va más allá de su pequeño mundo. Estamos aún en la época de la guerra fría, parece que al fin se dará el choque apocalíptico entre las potencias; se nos plantean dos posiciones distintas, por su parte él quiere prepararse para lo peor, mientras ella cree en sus gobernantes y que primará la diplomacia y la cordura. Mientras se disponen a crear un refugio ante el hecho inminente de que se lanzara una bomba, sus charlas van de cosas cotidianas, van a ese pasado que ya el mundo moderno debería de haber superado, que es la destrucción de la guerra y el sacrificio de la reconstrucción post conflicto, sus temores, sus anhelos, sus pequeñas discusiones, sus pequeños placeres, como cuidar su jardín y su huerto, el tener la casa limpia y ordenada, todo un microcosmo de paz y cotidianidad que choca con las imágenes de disturbios y caos que vemos de las ciudades al principio.

La película mezcla imágenes reales con dibujos animados, dibujos animados y stopmotion, lo que le da un carácter especial a lo que vemos. La música juega un papel importante, estuvo a cargo de Roger Waters e incluye un dúo de este y David Bowie con el que se cierra la historia. Es sin duda una película muy necesaria, nos muestra que nadie está a salvo, al menos el ciudadano de a pie que no cuenta con recursos; nos muestra como nuestras vidas están en manos de unos pocos que deciden en sus despachos la destrucción del resto. Una historia más que vigente en estos días con tantas guerras abiertas.

Todos somos imperfectos, no podemos elegir nuestros defectos, son parte de nosotros y tenemos que vivir con ellos, sin embargo, podemos elegir a nuestros amigos, esta frase podría resumir la historia de Mary y Max, si no fuera porque esta película es casi inabarcable, toca tantos temas tabúes, desde bullying, alcoholismo, enfermedades mentales, depresión, negligencia infantil, suicidio, discriminación, dicho así podría parecer una película a base de morbo, pero no, en medio de todo lo malo surge algo de ternura. Una niña australiana, Mary, sin amigos y sin guía, se hace preguntas a sí misma sobre el mundo y se propone escribirle a alguien para tener respuestas, lo que podría ser una acción peligrosa, una niña contactando con un adulto desconocido, de esta inocente carta, emerge una amistad, pues del otro lado, el destinatario fue un hombre de 44 años Max, de Nueva York, con la inocencia casi de un niño, con el tiempo, junto a él descubrimos que padece de Asperger, al igual que Mary, Max, sabe de sufrimientos, y con sus experiencias logra dar un poco de alivio a la niña, su amistad se extiende por décadas, vemos a Mary crecer, madurar, enamorarse, hasta convertirse en una mujer complicada, fruto del lastre que ha debido de cargar desde su infancia, lo único constante en su vida es su amigo Max, a quien le demuestra la más grande fidelidad, aun por encima de su éxito. Por su parte Max aprende a sobre llevar sus crisis, pero no deja de engordar y mermar su salud, pero ha conseguido ilusión por la vida y cumplir una de sus metas, tener una amiga.