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El viejo librero

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El destino que otros nos han endosado

Fecha: 7 abril, 2024Autor/a: Elviejolibreroblog 0 Comentarios

BRENDA GÓMEZǁ Existen historias que definen nuestra región. Hay novelas que se centran en un tema determinado cuando el escenario de fondo son los conflictos, las dictaduras y la violencia. Sin embargo, muy pocas tienen como protagonistas a mujeres o mujeres rurales. No es el caso de “Arado torcido” del escritor Itamar Vieira Junior, nominado al Booker Internacional este año junto a otras dos escritoras latinoamericanas, Selva Almada, Gabriela Wiener y el escritor venezolano Rodrigo Calderón Blanco.

El libro no tarda en envolverte, con pasajes tan similares a la realidad del campo y la ciudad nicaragüense. Por la parte rural: gente que se deja la piel en las plantaciones, gente que intenta aliar el conocimiento de la naturaleza y la labranza con la buena disposición para el trabajo, gente que sabe más que los terratenientes. Por la parte de la ciudad: ese desplazamiento forzado que sufren muchas mujeres provenientes en su mayoría del interior para instalarse en las periferias de las zonas más prósperas y pobladas del país que, en muy raras ocasiones, se da porque el espacio se les queda pequeño para sus metas e ideales.

Sus protagonistas Bibiana y Belonisia abren una ventana hacia el desconocido Brasil rural, a sus costumbres y creencias, a su manera de habitar la tierra, a escuchar el latido del corazón en medio del silencio procedente de la paz del bosque, a las casas de barro, a rascar la tierra y notar su humedad para saber cuándo caerá la lluvia. A los capataces que conservan su valentía hasta que se va el patrón, a pasar de las sequías a las inundaciones, a acarrear el agua desde el río para regar la tierra.

Itamar no deja ni un solo tema sin ahondar, sigue con cautela las huellas del abandono, escucha esas letanías extrañas y antiguas, escucha la voz de sus mujeres y la infelicidad que llevan encima para salir del hogar y engendrar los nuevos trabajadores de los señores: “Cuando me echó en la cama, me besó el cuello y me subió la ropa, no sentí nada que justificara mis temores. Era como guisar o barrer el suelo, o sea, una tarea más”. Si algo no falta en nuestros países son estas historias tan duras e idénticas.

El autor aprovecha a dividir el libro en tres partes e incorpora en todas ellas, aspectos sobre ese sistema de explotación que se ejecuta en el campo, los riesgos, el desgaste laboral y los condicionamientos por acceder a una vivienda que no es otra cosa que: “lealtad por recibirla, cuando vagamos sin tierra y sin trabajo”. Pero también se podría enumerar la determinación de cada uno de los personajes, desde las abuelas, desde los padres, los primos, los vecinos, “con los hombros encorvados manifestando agotamiento”, pero traspasándonos fortaleza en medio de todos esos entornos tristes, pero sintiéndonos vivos, ya sea recogiendo el mango dulce y amarillo, haciendo muñecas de tuza, haciendo caballitos de madera con las ramas de los palos caídos.

Nuestra gente todavía muere por la falta de asistencia sanitaria, nuestros niños y niñas todavía tienen que caminar muchos kilómetros para ir a la escuela. Nosotras seguimos siendo “la mujer de tal”, como si no tuviésemos nuestro propio nombre y apellido, somos las hijas de las analfabetas, decimos con palabras lo que ellas mismas quisieran expresar, porque sabemos que el viento no sopla, porque sabemos que el viento es su propia brisa.

No había leído algo tan palpable, tan sincero, algo que pudiera verbalizar el apego que siento por mi tierra, mis raíces y el campo. Estas historias nos devuelven el valor por la vida porque somos testigos de las arduas condiciones para sobrevivir, para educarnos y alimentarnos. “Los cuchillos desangran la caza, desangran los animales de patio y matan hombres”. Que nadie nos continúe arrebatando lo que nos pertenece. Los pequeños detalles y placeres son los que no debemos descuidar porque nos mantienen hasta el final de nuestra vida; mirar hacia atrás y regresar a nuestras familias es intentar descifrar los mensajes nuevos: “y trasladar nuestras vivencias en otras tierras a nuestra propia gente, para que algo empiece a cobrar sentido para nosotras”.

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