BRENDA GÓMEZǁ Hay libros en donde encontrás un protagonista con una personalidad muy reservada, a simple vista parecer arisco, y en esa dinámica por descifrar algo sobre su carácter, descubrís, ya que como lectores tenemos cierta libertad para interpretar, que se trata de un personaje intentando escapar de algo. Es a través de su novela El talento de Mr. Ripley que Patricia Highsmith nos hace pensar en la complejidad de escribir, y de que no todos estamos destinados a tener esa capacidad de crear un argumento en algún momento del día y luego llegar a casa, sentarse y trabajar en él.

Pero es en esa dificultad creativa donde está la genialidad, su autora, teoriza sobre las actitudes extrañas del ser humano, a través de su antihéroe entramos en la psicología ambigua y amoral de un criminal. Una persona que no solo se mueve por el dinero sino por el estímulo, el mentir, estar al filo, manipular, si hay que matar mata sin más, frío pero a la vez pasional, es un parásito que va cogiendo rasgos de las demás personas para hacerlos suyos.

El ser humano desde tiempos inmemorables, siempre ha tenido el temor de ser copiado, de que alguien robe tu personalidad, no es casual que en el folklore alemán exista una figura como el doppelganger, con una naturaleza sobrenatural, que te haga enfrentarte al temor de que no eres único, y encontrar a ese ser que te ha plagiado es un mal presagio. Todos queremos ser únicos y maravillosos, dejar una marca en quien nos conoce, ser los más listos, los más inteligentes, los más graciosos y elocuentes, hay quien se trabaja estos aspectos, lee, aprende, desarrolla hobbies, sabe de música, y de pronto aparece alguien que intenta absorber todo eso, solo repite, sin saber el trasfondo de todo ese bagaje. Este es un miedo real que se potencia ahora con el egocentrismo del copia y pega de las redes.

“Qué le parece Tom, ir a Europa y convencer a mi hijo de volver a casa”. Puedo escuchar el cerebro de Ripley maquinando sobre su próximo destino, una propuesta muy conveniente para un estafador que no puede estar mucho tiempo en un mismo sitio, pues puede acabar atrapado en la maraña de sus mentiras. Highsmith va sembrando el suspenso a través de este personaje deplorable. No hay técnicas truculentas, ni tretas, desde el principio sabemos que es una mala persona, y qué salto al vacío hace Patricia al presentarnos al antagonista como el protagonista total de esta historia. No creo que pensara que Ripley la acompañaría a lo largo de su vida, desarrollándolo a lo largo de cinco novelas: El talento de Mr. Ripley, (1955), La máscara de Ripley (1970), El juego de Ripley (1974), Tras los pasos de Ripley (1980) y por ultimo Ripley en peligro (1991).

Decía Thomas Wolfe que para que un personaje resulte real no hay que huir de lo autobiográfico; si hay algo de Patricia en esta historia, para mí sería el conflicto sexual, pues Ripley no acepta su propia homosexualidad, y aprende a soportar lo que no es, sus planes siniestros se perfilan en acabar con aquello que le rodea, vaciar su interior porque se odia a sí mismo e irlo llenando con cosas de los demás, y aún más si se trata de un millonario guapo, cautivador y bohemio como Dickie, del que obviamente se siente más que atraído, quiere poseerlo, engullirlo.

El estilo directo de Patricia es muy fácil de traducir al cine, no es casualidad que su primera obra llamara la atención del maestro del suspense Alfred Hitchcock por lo contundente de la trama, ni que un personaje tan intrigante y sórdido como Tom Ripley tuviese el éxito que tuvo. A pleno sol es la primera adaptación de la novela, hecha por el francés René Clément en 1960, con Alain Delon como protagonista, aunque no del todo fiel a la historia; casi cuarenta años después Anthony Minghella vuelve a llevarla al cine con un dubitativo Matt Damon, pero es la que mejor ha retratado la historia en conjunto. El juego de Ripley, una de las mejores novelas de la pentalogía fue adaptada por Wim Wenders en 1977 como El amigo americano, en 2002 se estrenó otra versión de la misma novela dirigida por Liliana Cavali y Jonh Malkovich en el papel de Tom Ripley. Este año se estrenó una serie con Andrew Scott con una las mejores puestas en escenas.

Nadie está exento de la maldad y de la envidia, ver cómo un niño rico y consentido, que no aprecia lo que tiene y reniega de todo ello, pero aún así lo disfruta, sin un objetivo claro, al propio lector le despierta cierto reproche y empatiza por momentos con este marginado, pero una cosa es dar una lección y otra pasar por encima de los límites sociales, Ripley usa a todos como trampolín, engaña al padre de Dickie, manipula a Dickie y a sus amigos, siempre se sale con la suya, y nos quita toda esperanza, porque así como en la vida real, el malo es el que gana. Asuma que es un monstruo señor Ripley. Quizá uno de los peores, como el cuco, que invade el nido ajeno, mata a sus habitantes para quedarse con todo.