GABRIELA GONZÁLEZǁ Con solo dos novelas publicadas, Cometierra en 2019 y Miseria en 2023, Dolores Reyes se ha convertido en una de las escritoras argentinas con más éxito, encabezando las listas de libros más vendidos y leídos; forma parte de esta ola de escritoras latinoamericanas que, no solo gozan del reconocimiento del público sino también de la crítica; basta ver sus posicionamientos como finalistas de los más prestigiosos premios literarios a nivel mundial. Escritoras que nos cuentan historias crudas y feroces.

En su primera novela, Cometierra, nos ha regalado a uno de los mejores personajes literarios de las últimas décadas, pues en esta tienen confluencia la novela policíaca, negra, social o de denuncia, con una buena dosis de realismo mágico o literatura fantástica. Cometierra, esa chica de la que desconocemos su nombre posee un don tan necesario como increíble, encontrar a desaparecidos. Dolores aborda desde la ficción la problemática de los feminicidios, la violencia de género, la trata de personas, casos sin resolver y desapariciones. Gente que falta porque son víctimas que no importan, que solo son buscados por quien los parió y por quien los ama.

Cometierra ha representado para mí esa conexión con la tierra, el creer que por donde pasamos dejamos una marca, representa muy bien la necesidad de una despedida, del duelo, del querer obtener respuestas, por muy dolorosas que estas sean. Muestra una visión muy positiva de la relación entre hermanos, a pesar de haberse criado en la violencia. Es una novela corta, en donde la lengua es un elemento esencial, donde prima la brevedad, brevedad en las frases, brevedad en los capítulos, pero profundidad en la forma y el contenido. Muy pronto la veremos en pantalla pues actualmente se está llevando a cabo su adaptación en forma de miniserie.

Al igual que sus contemporáneas, Dolores, no ignora su realidad, hay un compromiso marcado, en conjunción con los movimientos sociales y feministas, hay una urgencia por narrar lo que les rodea, así como los lectores, que quieren ver sus vidas y sus realidades retratadas, personajes que hablen como uno, que vengan y vayan a los mismos lugares, sentir que nuestras costumbres y formas importan y valen la pena, que no son solo motivos de vergüenza; cuestión aún más apremiante cuando se es joven, y esta novela logra esta conexión, plasma la frescura de los chavalos, sus formas de hablar; transmite que la  literatura es algo cercano y no una cosa lejana, de gente mayor e intelectuales con toga. Por todo lo anterior, la obra se ha visto involucrada en la polémica y se ha hecho una campaña de desprestigio, desde el actual gobierno argentino en contra de la escritora y su novela. 

Argentina, para el resto del continente, incluso para Europa, es considerado un país que lee mucho, con una gran tradición literaria y una gran actividad cultural; pero esa afición y repunte por la lectura no era casual, los gobiernos y en especial el de Buenos Aires llevaba años incentivando el hábito en las aulas escolares, con un programa llamado “Identidades Bonaerenses” asegurándose de que en las escuelas hubiera bibliotecas y se leyeran libros que tuvieran que ver con su entorno y territorio. Cualquiera estará pensando que son iniciativas increíbles, pero no lo piensa así el gobierno del esperpéntico Javier Milei; que intenta borrar el fomento del arte y ha pasado a los ataques, para esta gente conservadora se trata de adoctrinamiento y demás frases de su ya conocido repertorio, y a pesar de haber 122 títulos incluidos, Cometierra ha sido el objetivo principal del derribo. La vicepresidenta en noviembre del año pasado se unía al ataque y publicó en X dos fragmentos del libro, sólo uno pertenecía realmente a Cometierra, el otro pertenecía al libro Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara, ósea, que ni siquiera había leído el libro, igual que todos los demás. 

En la campaña de acoso se ha hecho evidente la ignorancia cultural de quienes gobiernan, estos libros están presentes en las bibliotecas, para ser leídos por los estudiantes mayores, no los niños pequeños, ni siquiera son lectura obligada. Se centraron en unas líneas en donde se narra un encuentro sexual; un encuentro sexual consensuado entre dos personas que se gustan, centrarse en esto es cerrar los ojos ante la realidad, los jóvenes también tienen deseos sexuales, en la escena, una mujer no esconde sus ansias hacia ese hombre del que se ha enamorado. Son solo un par de líneas, que no definen al libro en sí, que trata grandes cuestiones, cuestiones que sí molestan al poder y, por ende, no quieren que se hablen de ellas, pero enardecen a sus seguidores con mentiras burdas, diciéndoles que a sus hijos les enseñan pornografía en las escuelas. Todo se trata de polarizar a la sociedad, utilizar la doctrina del Shock, aprovechar la precariedad económica y la desesperación para implantar medidas que solo favorezcan a sus estrategias. Han desfinanciado programas para revertir la violencia de género y ayudar a las víctimas, han desfinanciado el cine y a las universidades. Milei te vende criptomonedas y las mismas ideas absurdas que esos gurús de internet con recetas para el éxito económico, haciendo que se pierda entre los más jóvenes la conciencia de clase, creyendo que se harán ricos de la noche a la mañana sin necesidad de estudiar ni trabajar; quieren sociedades embrutecidas, y el arte despierta y abre conciencias.

El término desaparecido tanto en Argentina como en otros países de Sudamérica tiene una gran resonancia y connotación política, ya que las dictaduras y grupos armados desaparecían sistemáticamente a personas que les resultaban incómodas, tal como muestra Walter Salles, en su película Aún estoy aquí, ganadora reciente del Oscar a mejor película internacional, y tal vez por esa carga política, es que se buscó también la censura a Dolores Reyes. En su segunda novela Miseria, continuación de la primera, hay una evolución, no rehuye a sus convicciones, habla más abiertamente del feminismo, critica a la policía, y al sistema médico, sobre todo los que atienden en los barrios pobres, donde los funcionarios con su habitual mala cara hacen evidente su clasismo y desdén por las personas que consideran ignorantes. Más allá de atender, hay que enseñar para poder entablar diálogos. Miseria vive en sus carnes frases desatinadas, violencia obstetricia. Frases como, “no llorabas así cuando lo estabas haciendo” y demás similares, deben escuchar las parturientas en nuestro país. Médicos que no tienen la menor empatía y para mostrar superioridad sacan la terminología médica que ni se molestan en explicar y así a como entraste, saliste; sintiéndote mal, con las mismas dudas y mayor decepción por lo que te rodea.

Si su primera novela fue dedicada a dos víctimas de violencia, chicas de los barrios en donde ejercía la docencia, pues Dolores ha sido toda su vida profesora de secundaria en barrios periféricos, algo que se nota mucho en la creación de sus jóvenes personajes, tan reales como la vida misma. En su segunda novela no teme a lo político y la dedica a esas buscadoras incansables, las famosas mundialmente Abuelas de Plaza de Mayo, que desde los 80 buscan a sus familiares. Algunas de las interrogantes que el lector sensible y curioso echó en falta en Cometierra, se resuelven y explican en Miseria, la brevedad da paso a una historia mayor, son ahora dos voces, dos perspectivas; el mundo de Aylén, al fin supimos su nombre, se expande, conoce a más gente, se está volviendo adulta, tiene amigos, muchas cosas en suma positivas, acepta lo que es, una buscadora. Pero el peligro no deja de asechar, es una constante para estas chicas jóvenes y desprotegidas, nos plantea en ambos libros un juego interesante, no hay culpables directos, es casi una espectralidad, un conjunto, falta de seguridad, un sistema de salud deficiente, policía corrupta, organizaciones con malos fines, etc, etc, porque todo el sistema nos falla. 

Nadie quiere cargar con el peso del mundo a sus espaldas, y menos una chica joven, a veces quienes tienen poder para hacer grandes cosas lo utilizan a la inversa, si algo te hace mal, pero hacerlo significa tranquilidad y descanso para otros, ¿vos qué harías?, estos son los planteamientos en la obra de Dolores. Miseria se dice a sí misma que ha encontrado amigos y bienestar, porque tiene agua y una refrigeradora, a veces se nos olvida esto, que hay gente que no tiene ni agua potable y va a la cama sin comer, esperando con hambre el día siguiente. Se nos muestra ese otro Buenos Aires, que no aparece en las postales, del que casi nadie habla y se quiere esconder, barrios de inmigrantes bolivianos, peruanos y africanos, con calles y calles llenas de comercios informales, lugares donde es tan fácil perderse y tan difícil que te encuentren, lugares donde vas a buscar suerte, porque cuando más desesperado estás es cuando más se acude a la santería, hechizos y presagios que nos devuelvan un poco de esa esperanza que el día a día nos arrebata.