BRENDA GÓMEZǁ A lo largo de las calles brillan los rectángulos de luz de las ventanas, es de noche, hay calor, el sudor que emana de mi cara hace que piense en agua fresca. Intento enmarcar algunas letras, mis manos, que a estas horas se sienten lentas, consiguen aferrarse a este libro. No quedan rastros de la escritura, me digo, aunque si se pudiera exponer al fuego se leería lo escrito, porque el mensaje está aquí, en estos adultos, en estos chateles, oculto en algunas almas. “El resentimiento es la más preciada flor de la pobreza”, me repito. Los que están en las fábricas detrás de las máquinas ganan a duras penas lo suficiente para acallar las tripas. Tengo que empacar y a qué me aferro, la nostalgia desbordada hace que se me nublen los ojos y que sienta que me extingo, mis pensamientos se relegan a las profundidades de mi esencia. Llego a casa y tropiezo con las sillas, no me atrevo a encender la luz, ni ir a la cocina, toco las paredes por última vez y nuevamente el título de este objeto que empuño me da una respuesta: El corazón es un cazador solitario.
Publicado en 1940 con tan solo 23 años, El corazón es un cazador solitario es la primera novela de la escritora norteamericana Carson McCullers, el libro se centra en una pequeña ciudad sureña y en un grupo de personas marginadas, pero similares en su soledad. Tiene como principal protagonista al sordomudo John Singer, es a través de los encuentros con Singer que la autora introduce las historias de los demás personajes para hablarnos de segregación, abandono, explotación, sueños truncados y alcoholismo. Este último es un tema recurrente en su obra, más adelante lo abarcaría con mayor madurez, por ejemplo, en ¿Quién ha visto el viento?.
Se puede apreciar una de las características imperante a lo largo de sus libros: la ubicación, compuesta por un pequeño pueblo, una calle principal, y un sitio de recreación para los locales y forasteros, para mí es la representación que tiene la autora de un cruce de mundos, con personajes que presentan una dualidad, entre el ser y la profesión. No hay nada definido en ellos, hay hombres y mujeres que en cualquier momento reaccionan a sus impulsos y deseos, tuvo la capacidad para hacerlos corporales al lector, podemos sentirlos, podemos identificar donde están los desafíos físicos de cada uno y de donde vienen sus extrañezas para el mundo.
“¿Qué puede hacer una persona que sabe y no logra que los demás comprendan?” dice Jake, uno de los personajes más salvajes que describe en esta historia, pero al que también llena de compasión, pero esta piedad no puede leerse individualmente, es decir, gracias al diálogo que tienen cada uno con Singer, te muestra a unas personas que quieren encontrar algo por el camino, el tabernero Briff, el doctor Copeland, o Mick la aspirante a ser música, todos quieren descubrir qué hay amontonado alrededor de sus nombres.
Dicen que McCullers fue escritora por casualidad, pues toda su vida estudió piano, su madre quiso que se convirtiera en una gran concertista, fue muy dominante con su hija, quizá sea esta una de las razones por las que no encontramos una figura materna que sobresalga en sus novelas, por ejemplo, en su libro Frankie y la boda, la desaparece desde el principio, y no solo eso sino que descarta abordar el tema de la relación madre e hija a profundidad, y se centra en desarrollar el derrumbe de todos los valores que Frankie tiene inculcados, la hace una protagonista que actúa instintivamente, que no ve donde está la frontera en sus decisiones.
Me parece increíble que con veintitrés años se haya planteado hablar sobre los problemas de su época, son contados los autores jóvenes que tienen una visión clara de hacia donde llevar su obra, decía su gran amigo, el también escritor Tennessee Williams que, “la prosa que utilizaba para escribir convertía en algo muy grande cualquiera de sus novelas”, y qué razón tenía, pero es que además ha trascendido con el tiempo, porque algo de ella llevan cada uno de sus personajes. Abordó hasta el final de sus días temas relevantes, pero ninguno de sus libros parecen repetirse, aunque se abarquen con la técnica personal de la autora, aunque contengan historias de viajeros o que estén entrelazadas, podrían apreciarse e interpretarse perfectamente desde la actualidad.
La segregación siempre presente en sus libros, por ejemplo en “Reloj sin manecillas», o sobre relaciones y rupturas nada idílicas, y sobre sexualidad sin un objetivo reproductivo en “Reflejos de un ojo dorado”, sobre problemas de niños prodigios y gente que no lleva nada bien el éxito en “Wunderkind”, o sobre mentirosos compulsivos y refugiados en “Madame Zilensky y el rey de Finlandia”, todas ellas descritas sin pudor, sin maniqueísmos, te explica algo sin palabras, pero que logra inmergirte en las situaciones.
¿Qué rasgos son los que toman en cuenta quienes aspiran a dedicarse a la escritura? Al leer esta novela de McCullers esta interrogante se me hace más urgente, lo que se encuentra después de esta ópera prima son líneas con reflexiones que te frecuentan a lo largo de tu vida, sin embargo en nuestro minúsculo círculo de intelectuales se sigue escribiendo desde el yo, sin pensar que esas carencias que intentan plasmar en sus historias, son solo eso, y no un problema que concierne, se sigue escribiendo sobre chicos tristes, sobre tipos morbosos, con supuestas escandalosas filias sexuales, pero hay un término para llamarles por su nombre, incels. Quieren a toda costa notoriedad, pero nada más ordinario que utilizar la escritura para eso, todo el mundo está tratando de llegar a la cima, pero decime ¿qué tan lejos estás del fondo? Empecemos por ahí.
