GABRIELA GONZÁLEZ|| Recuerdo que una vez, hablando con unos compañeros de universidad, sobre Los Soprano, el tema se desvió y empezamos a hablar de los malos, esos personajes que sabiéndolos malos, el público defiende, hablamos de La naranja mecánica, de todos los personajes de Tarantino; entonces mencioné a Humbert de Lolita y a Raskólnikov de Crimen y Castigo, se me hizo la pregunta de si leía mucho y qué leía, respondí que no tanto y que leía de todo, desde Jane Austen hasta Dostoyevski. Varias cejas se levantaron y sentí la necesidad de justificarme, pareció que aquel nombre estuvo fuera de lugar, que estaba destinado a chicas adolescentes, a otro ámbito y no para universitarias con ínfulas de maduras, con charlas medio pretensiosas. Fue como que debía explicarme. En ese momento sabía el porqué y lo sigo sabiendo, pero ahora no me importa; sé que la gente sólo repite los estereotipos y criticar a Jane Austen es uno más de tantos. Decí que disfrutás de las aventuras de asesinos y narcotraficantes, no que te emocionás viendo Sentido y sensibilidad o que es una maravilla Orgullo y prejuicio

Es increíble la disparidad de opiniones que genera su obra, entre el público de habla hispana ha sufrido un enorme desprecio. Las primeras ediciones traducidas en España fueron, Persuasión hasta en 1919, La abadía de Northanger en 1921 y Orgullo y prejuicio en 1924, en todo el siglo XIX se le ignoró, por lo de siempre, menosprecio por la escritura y las “cosas femeninas”. A diferencia de Francia donde casi inmediatamente después de sus primeras ediciones se tradujo y editó a lo largo del siglo. Hubo un diplomático y escritor que la menciona, como parte de un Análisis de la novela inglesa de finales del XVIII y principios del XIX, en el que resalta la abundancia de novelas destinadas a la clase media, con un fin moral, con personajes calcados de la vida diaria. Entre las mujeres novelistas inglesas destaca a Maria Edgeworth y a “Miss Austin” (sí, escribió mal su apellido), “cuyas obrillas son muy morales sin ser fuera del todo, ni de modo alguno pedante”.

Los principales editores, los que viajaban a Londres o París para empaparse de las novedades literarias, nunca la incluyeron en sus catálogos. Curiosamente sí que llegaron a publicar novelas que eran copias de las de Jane, incluso con títulos similares, donde los personajes masculinos cobraban toda la importancia del relato, cuestión que Austen jamás hizo. Empezaron a editar estas novelas al ver que había negocio en vender lecturas para las mujeres, pero no se molestaron en si aquello tenía calidad o no, si era original o una vil copia. Tuvo que pasar un siglo para que se leyese a Jane en nuestro idioma, y encima nos llega con el prejuicio de señores diplomáticos, políticos y militares a los  que sólo les importaba el poder, las batallas, el nacionalismo o hacer negocios. Desde su misoginia, han hecho creer que está mal leerla, que es literatura menor, porque son conflictos “femeninos”.

Desgraciadamente el sesgo contra lo femenino sigue existiendo. Hagamos un  pequeño experimento, ¿Cuántas de las cuentas de creadores de contenido que seguís son de hombres y cuántas de mujeres? ¿Porqué les sigues a ellos y porqué a ellas?, Seguro por razones muy diferentes. De ellos tomás su opinión, les otorgás más conocimientos e intelectualidad. A ellas consejos para la vida diaria, maquillajes, hogar o humor, no está mal, a esto nos enfrentamos día a día, nunca nos viene mal un consejo. ¿Porqué esto?, pues pasa lo mismo en la literatura, se sigue prefiriendo la obra de ellos, aunque poco a poco desde Latinoamérica hay una fuerte ola de escritoras. 

En su propio país y época también fue criticada, se trató más de clasismo, no podían entender que una mujer que nunca salió de su país y muy poco de su región, tuviera todo ese mundo interior para crear la psicología de esos personajes. Encima no se casó, ni buscó disfrutar de la fama cuando la alcanzó; al contrario, se quedó en su pueblo, sólo quería continuar escribiendo. Pero Jane Austen era consciente de sus limitaciones. El mundo que describe es aquel que conoce bien, sabe los riesgos que corre un escritor al narrar lo que no conoce. En una carta a su sobrina Anna Austen, que también tenía inclinaciones literarias, le aconseja sobre personajes, le dice que para montar su trama le basta con tres o cuatro familias de pueblo. Se le critica también, de que no hablara de las guerras napoleónicas, pero de haberlo hecho también se le habría criticado. Ella habló de cómo regresaban esos soldados, que es lo que veía con sus propios ojos. Siempre a las mujeres se nos exige lucha, activismo y perfección. En cambio, si los hombres rehuyen a su tiempo, dicen que han creado un refugio contra la cruel realidad.

También se le suele atacar mencionando a todos esos autores ilustres que la odiaron, empezando por Charlotte Brontë, quien escribía cartas a un crítico literario para preguntarle porqué le gustaba la obra de Jane y de paso dejarle claro porqué a ella no, “Las pasiones son perfectamente desconocidas para ella”, disiento querida Charlotte, y estas me parecen las palabras de una hija ingrata, no era una novelista romántica y tampoco aspiró a serlo; Mark Twain, por su parte decía, no haber terminado ninguno de sus libros porque odiaba a sus personajes. Creo que lo suyo era criticar por criticar, habló de ella en varios ensayos, qué necesidad; pero, ha sido también, redituable criticarla. 

Por si aún no se ha notado, esto es un “síganme los buenos”, me quedo con la opinión de otros autores que sí han apreciado su obra, como Rudyard Kipling quien le escribió poemas y hasta un cuento “Los janeitas”, en el que jóvenes soldados leen sus novelas. Virginia Wolf, quien la lee desde la admiración “Habría sido la predecesora de Henry James y de Proust, pero ya es suficiente. Vanas son estas especulaciones: la artista más perfecta entre las mujeres, la escritora cuyos libros son inmortales, murió justo cuando estaba empezando a sentir confianza en su propio éxito”. Gozó del favor de su admirado Walter Scotttenía talento para describir la dinámica de los sentimientos y dibujar personajes de la vida ordinaria en las clases sociales medias y alta”. El gran Henry James también la admiraba por estas mismas razones. Vladimir Nabokov, que no era precisamente una persona de dar elogios, alabó la estructura de Mansfield ParkA primera vista, la forma y materia de Jane Austen pueden parecen anticuadas, artificiosas, irreales. Pero esta es una ilusión a la que sucumbe el mal lector”. José Donoso, por su parte analizó su obra en un ensayo, que presentó como trabajo final de licenciatura en la Universidad de Princeton en 1951, titulado “Jane Austen y la elegancia del pensamiento”, destaca la búsqueda de Austen de una “elegancia de la mente”, que implica armonizar razón, sentimientos y estabilidad material, como un camino hacia el autoconocimiento y la felicidad.

Para mí su escritura es un gran ejemplo de “muéstrame, no me lo cuentes”, por ejemplo, esa preocupación por la educación de la mujer que predicó Mary Wollstonecraft, Jane nos la muestra de una forma novelada, no da un discurso, muestra las acciones y consecuencias en sus personajes femeninos. Que el llevar una casa y cuidar de la familia, que el enamorarse y casarse no quieren decir que seas estúpida. Sus mujeres de clases medias o venidas a menos son todas cultas, mujeres arrastradas a la pobreza económica por culpa de las figuras masculinas, mujeres que aún con todas las limitaciones se educaban por su cuenta y eso las hacía conscientes de la mediocridad que las rodea, y eso siempre ha resultado molesto. 

Hablaré para mi género…

Las que reniegan de Austen suelen ser esas que actúan para agradar a los hombres, incluso actúan como ellos, hablan como ellos, creen tomar lo mejor de ellos: tal vez el fútbol. ¡Sí! Esas que toman bando entre el Barcelona y el Real Madrid, esas que están al tanto de las grandes ligas de béisbol y alguna vez han ido a los estadios a gritar. Esas que sólo leen autores hombres, porque eso es sinónimo de intelectualidad, que su as bajo la manga es, por siempre y para siempre, García Márquez o Borges. Que nunca han visto Sex and the city, y menos comedias románticas, pero si les preguntas por Shakespeare dicen claro que ¡yes! Pareciera que ataco el sexismo con más sexismo, pero es que lo he visto y lo sigo viendo. Por favor, salgamos de ahí. Ya basta. No perpetuemos tonterías, pasa lo mismo con la música, criticar los gustos y validarlos dependiendo del género o artista. Hay que evolucionar y debatir desde el respeto, sin imposiciones, ni aires de superioridad. Leer a ciertos autores no te hace ni mejor ni peor, en todo caso, depende de cómo los leas y el provecho que se saque, y aquí todos estamos por pasatiempo y amor.

Es un ícono pop, ahí está, presente en la obra de Nora Ephron, en Bridget Jones y en tantas otras películas de los 90. Porque cada generación cuenta con su propia versión de Jane, cada generación cuenta con su Emma, con su Anne y con su Elizabeth Bennet. Sus historias mantienen una gran vigencia, sigue conectando con la sensibilidad actual, fue una pionera en la literatura femenina, innovó con su estilo lleno de elegancia, inteligencia y sarcasmo. Se nota lo observadora que era, sabía que todo era falso, esas conversaciones banales, la pedantería, la ostentación y todo sigue igual. Esa sigue siendo la fuerza principal de su literatura, la sutil precisión de las emociones. Jane, mujer tenías que ser.