GABRIELA GONZÁLEZ|| Dentro de la literatura de Jane Austen muchísima gente conoce los nombres y me atrevo a decir, las personalidades de Elizabeth Bennet, Emma Woodhouse, Elinor o Marianne Dashwood, pero a pocos les resulta familiar Charlotte Heywood o Emma Watson, y con razón, pues suponemos que ambas, serían las protagonistas de las novelas inacabadas de Austen, Sanditon y Los Watsons, respectivamente.
Sabemos que Jane empezó a escribir desde los doce años (1787), relatos, poemas y pequeñas piezas teatrales; todo este material creado hasta 1793, cuando cumple 17 años están compiladas en su Juvenilia, pero en 1794 se atreve a escribir una novela corta, Lady Susan, compuesta por dieciséis cartas y un epílogo, la cual curiosamente nunca intentó publicar y salió a la luz hasta 1871, muchos años después de su muerte; en la actualidad ésta se suele editar junto a Sanditon y Los Watsons, consideradas estas tres, las obras menores de Jane.
Durante los próximos diez años, la joven Austen, escribirá incansablemente. En 1795 empezó Elinor y Marianne, que luego se convertiría en Sentido y sensibilidad, en octubre de 1796 empieza Primeras impresiones que acabará en agosto de 1797 cambiando el título a Orgullo y Prejuicio. Este mismo año ofrece sus obras a un editor pero son rechazadas. No se da por vencida y en 1798 comienza una nueva novela Susan, que luego renombró como La abadía de Northanger. Continúa trabajando y revisando sus escritos. Como su padre ha tenido problemas de salud, la familia se muda de Steventon -su lugar de nacimiento- a Bath, dato importante, ya que vivir en la costa le sirvió de inspiración para futuros trabajos.
En 1803, logra vender los derechos de autor de La abadía de Northanger en 10 libras, pero no es publicada. En 1804 empieza Los Watson pero nunca llega a terminarla. Su padre muere y empieza una temporada en la que ella, su madre y su hermana Cassandra, se mudan, pasan temporadas en las casas de sus hermanos, viven en habitaciones rentadas, hasta que se establecen en Chawton, cerca de Winchester, en cuya catedral fue enterrada.
Durante cinco años Jane abandonó la literatura, no escribe nada, hasta que en 1809 vuelve a intentarlo, seguramente apremiada por conseguir algún ingreso propio. Presiona pero sin éxito, para que se publique La Abadía de Northanger, hasta que en 1810 por su cuenta y decidida a publicar encuentra un editor para Sentido y sensibilidad. En 1811 comienza Mansfield Park, y el 30 de octubre al fin ve publicada Sentido y sensibilidad. La novela se vende bien. En 1812 vende los derechos de Orgullo y prejuicio por 110 libras, que se publicará el 28 de enero del año siguiente, este mismo año 1813, se publican las segundas ediciones de ambas novelas. También le aceptan la publicación de Mansfield Park (1814), le sigue Emma (1815); en agosto de 1816 terminó y entregó Persuasión pero ya se sentía débil. En enero 1817 empieza Sanditon pero debe abandonar su escritura el 18 de marzo, a mitad del capítulo 12, la novela nunca fue retomada pues cuatro meses después, muere. Murió el 18 de julio, con 41 años; hoy sabemos que fue por la enfermedad de Adisson, una afección muy rara, que provoca, entre otras cosas, fatiga crónica, debilidad, irritabilidad gástrica y oscurecimiento de la piel. Cinco días después de abandonar la novela escribe una carta, cuenta que tiene dolores y fiebre. “En esta época de mi vida, la enfermedad es una peligrosa indulgencia”.
Como ya dije, Los Watson es una novela inacabada. Solo escribió cinco capítulos. Es la historia de una familia de clase media rural, la trama gira en torno a Emma Watson, la hija menor, que regresa a su casa después de muchos años, ya que siendo una niña fue enviada a vivir con una tía que gozaba de mejor condición económica, esto era y es, algo usual sobretodo en familias numerosas o de pocos recursos, que un familiar se haga cargo de uno o varios niños para ayudar. Dentro de la familia de la propia Jane Austen pasó, uno de sus hermanos mayores fue criado por unos tíos, gracias a esto recibió una mejor formación. También aborda este tema desde otra perspectiva, más pesimista y más oscura en Mansfiel Park.

Emma regresa a casa, porque su tía ha vuelto a casarse, vivirá con su esposo en Irlanda, y este no quiso llevarla. Emma es la nueva del pueblo, es una novedad, pero es también una extraña en su propio hogar, su familia le es desconocida; su padre está enfermo, así que prefiere estar en la habitación cuidándolo, que estar en la sala con los demás, escuchando comentarios despectivos y misóginos hacia su tía, por haberse casado al poco tiempo de enviudar. “Una reunión familiar puede ser la peor de las reuniones”.
Todos los aspectos presentes en sus novelas están aquí: la preocupación por la economía y el futuro, se siente una carga, “una boca más que alimentar”. El papel limitado de la mujer, las restricciones sociales y las expectativas en esos pequeños pueblos del siglo XIX. La marginalización si decidiera no casarse, el sólo poder aspirar a ser institutriz o enseñar en internados, que tal como nos contó Charlotte Brontë en Jane Eyre, no eran buenas condiciones. Nos presenta la situación familiar, a sus hermanos y a varias figuras de la sociedad local. A las familias más ricas, a las que las chicas pobres debían visitar y servirles de distracción. Jane nos muestra todos los convencionalismos en las formas de socializar, la frivolidad de los hombres, pues ellos no necesitaban mostrar ingenio, digan lo que digan, las mujeres los aceptarán si ellos las eligen, no hay opciones. No romantiza nada, ni el matrimonio, ni la familia, ni las relaciones.
James Edward Austen-Leigh, sobrino de Jane, se convirtió en su biógrafo, fue él quien le dio el descriptivo nombre de Los Watsons, pues el manuscrito además de inacabado estaba intitulado, “por el bien de tener un título con el que designarla”. Fue publicado por primera vez, como un añadido a la segunda edición de la biografía que escribió sobre su tía en 1871. Incluyendo también un párrafo con el final que Jane Austen tenía pensado y contó a su hermana Cassandra. El manuscrito original actualmente está dividido en dos partes, las primeras doce páginas están en la Biblioteca Morgan de Nueva York y las otras 68 en la Biblioteca Bodlein de Oxford. No sabemos porqué Jane nunca volvió a esta historia, porqué no la continuó y no le dio un final, seguro sus ideas fueron el germen para las novelas posteriores, de hecho varios nombres y apellidos también los utilizó para sus otros personajes y ese, no tan agradable, primer contacto entre Emma y Howard me recordó mucho al de Elizabeth y Darcy.

Por su parte Sanditon fue abandonado, pero no por voluntad sino por la incapacidad de seguir escribiendo ante su mala salud. En esta, Los Parker tienen un accidente de carruaje cerca de la casa de la familia Heywood, estos les socorren y les ofrecen su hogar mientras el señor Parker se recupera. Lo que creían sería cuestión de un día o dos, se convierte en una estancia de catorce días, tiempo en el que ambas familias traban amistad. En agradecimiento, el matrimonio les invita con ellos a Sanditon, una incipiente ciudad balneario, cuyas bondades no deja de elogiar el señor Parker. No es para menos: es el promotor del proyecto junto a la poderosa Lady Denham, la dama más rica de Sanditon.
“Podía estar hablando de Sanditon eternamente. Era su mina, su lotería, su especulación, su chifladura, su pasatiempo, su esperanza y su futuro”.
Era muy común, que a la gente que vivía en las zonas más frías, se le recomendaran temporadas en la costa para mejorar algunos problemas de salud. Curas de clima se les llamaba. Había quienes incluso viajaban hasta los países del sur de Europa, por ejemplo, John Keats que murió en Italia, a donde fue para mejorar de su tuberculosis o Frédéric Chopin y su desgraciada estancia en Mallorca, España. Pero por otro lado, también solían recomendarse, estancias en las montañas como cuenta Thomas Mann en La montaña mágica.
Me resulta curioso que desde entonces ya nos hablara de la especulación inmobiliaria, de la gentrificación en las costas, de que los locales debieran abandonar sus casas para dejárselas al turismo, que al ser ricos en su mayoría, podían pagar alquileres más altos. Otra reflexión que me parece que habrá sido tan importante para sus lectoras es, cómo el tener tantos hijos sólo perpetua la pobreza, entierra a los padres y condena el futuro de sus hijos. De los Heywood nos dice que, son aún jóvenes pero lucen tan avejentados por el arduo trabajo, que de no ser una familia tan numerosa, habrían vivido cómodamente de su granja.
Finalmente es Charlotte, la hija mayor de los Heywood, la que acepta la invitación y viaja con ellos a Sanditon. A medida que se instala e integra en la vida social del pueblo, observa y nos comenta sobre las excentricidades, ambiciones y dinámicas entre sus habitantes. Desde las hipocondríacas hermanas Parker, los ambiciosos sobrinos de Lady Denham, hasta los peculiares grupos de veraneantes; nos menciona a las llamadas “familias indianas”, aquellos que habían vivido y amasado fortuna en las Indias Occidentales, prototipos de nuevos ricos a los que sólo toleraban por cuánto eran capaces de gastar. Nos presenta también aquí al que habría sido su primer personaje mulato, la señorita Lambe, recién llegada de Las Indias, desgraciadamente Jane no pudo profundizar en su historia, sólo sabemos su apellido y nos perdimos lo que sobre ella nos quiso contar. También nos quedamos sin conocer a Sidney Parker, solo nos hacemos una idea de su personalidad en base a lo que cuentan a Charlotte de él, su hermano y su cuñada.
La novela satiriza, y cómo no, las modas y costumbres de la época, explorando temas de salud, como la hipocondría, las dependencias emocionales, todo por esa “desosegada inactividad”. Es una época de moralismo exacerbado y de rígida disciplina social, un “caballero” tenía limitados los trabajos que podía ejercer si deseaba ser llamado de tal forma, una dama ni siquiera podía plantearse tal cosa, las clases medias tenían que aspirar a la honorabilidad y las más bajas, como siempre, servir a los de arriba para sobrevivir. Nos deja ver cómo piensan esos ricos, por ejemplo, Lady Denham no quiere un médico en el pueblo, porque todos los pobres y sirvientes “irían a consulta a hacerse los enfermos”, te habla de mantenerlos a raya. Nada ha cambiado.
El humor vuelve a hacer presencia en esta novela, después de haberlo dejado de lado en Persuasión. Vuelven esos diálogos cargados de witty remarks e ironías. La novela ha sido objeto de diversas continuaciones y adaptaciones por parte de otros autores, tratando de completar la historia y descifrar la visión de Jane; la más reciente ha sido una serie, que obviamente no me perdí.

208 años después de la muerte de Jane y pese al histórico menosprecio, sus novelas resisten el paso del tiempo. En todas ellas hay una mirada única, con tramas complejas, como hija de su tiempo, obviamente, defiende los valores tradicionales de la época, pero también te invitaba a cuestionarlos. Seguimos encontrando esa intimidad, esa voz que comprende todo lo que implica la existencia femenina, humor, inteligencia, determinación y reivindicación. Sus historias son como la misma Jane decía, apenas unas miniaturas, una esquinita de ese infinito tapiz que es la condición humana. Al igual que estas dos novelas la suya es una historia inacabada, la muerte le llegó repentina y prematuramente, qué nos perdimos, qué nos habría contado esa Jane más madura. Sólo sé que, mujer tenía que ser.
