BRENDA GÓMEZ|| En 1993, David Foster Wallace partió desde un dato estadístico para escribir un poderoso ensayo sobre los medios de comunicación y su narrativa titulado E Unibus Pluram, un nombre bastante llamativo para criticar la fragmentación de la cultura, “De muchos, uno”, y es que, en los hogares norteamericanos se consumían seis horas diarias de televisión. Por mi parte, me ha traído a una preocupación similar en 2025, conocer el tiempo que dedica cada individuo para hacer “scroll”; la cifra es nada más y nada menos que: cuatro horas al día. A esto le sumo una de las frases que más he venido escuchando estos años y que de igual forma me alarma: que la televisión es la compañera para la soledad, sobretodo de los ancianos.

Pero ¿qué consecuencias percibía Foster Wallace en ese entonces y qué detalles en común hay actualmente? La primera sería que su generación y la nuestra obtenían gran satisfacción al burlarse de la televisión, de su contenido; podríamos pensar que este tipo de consumidor no tiene anulado el criterio, que tiene claro que se trata de actuación, de espectáculo, que es consiente que los atributos y cualidades de un presentador, no tendrían porque ser emulados, pero es ahí donde precisamente está el peligro, porque está más que comprobada la influencia que estos personajes ocasionan en nuestras sociedades, que “ya no es un mundo autónomo sino un adjunto, cuyo flujo de imágenes comerciales proyecta una cultura en la que todo se vende y lo único que cuenta es la fama, el poder y los cuerpos bonitos”. Por tanto, no debería ser mofa porque se trata del elemento diseminador y definitorio de la atmósfera cultural que respiramos y poseemos y que se trata de un asunto muy serio.

Lo segundo, los muchos ejemplos para apreciar la manera en cómo las redes y la televisión nos adiestran, la más notable desde mi modesta observación es que en la tele, las dos horas de tertulia matutina sirven para el contenido de las otras dos horas de la tertulia vespertina, es decir, el mismo tema en bucle, sin que el espectador exija una temática distinta o comentaristas con nuevos puntos a debatir, pues ha sido atraído con la promesa etérea de evasión de la vida cotidiana. Lo marca el rating, los likes, las veces que se comparte ese contenido, todas las pruebas indican que el público no desea novedades, la gente realmente desea lo de siempre.

No se ven los “realities” de forma irónica, se perdió la oportunidad de saber si los que están detrás de este contenido son creativos, a los narradores les encanta la visión en un solo sentido. No es casualidad que los mismos que ven con indiferencia el consumo de la televisión, se autodenominen no consumidores, dicen que la tv es basura y admiten que prefieren dedicar su tiempo de ocio a las plataformas, que, por otra parte, no es más que otro estilo de vida dominante, no sos ningún distinto por eso; pues las series y películas que encontramos como oferta no es que planteen la realidad del mundo, “el ciclo se alimenta de sí mismo” dice Foster Wallace, las referencias pop funcionan tan bien en la narrativa contemporánea porque todos conocemos esas referencias, las mismas referencias estarán presentes tanto en las tertulias televisivas como en el contenido que ofrecen las plataformas. Pero esto es porque solo vemos aquello que ven los demás y porque hemos aceptado formar parte de una percepción colectiva, es “El nuevo silencio”, de hecho los más jóvenes además de perder habilidades sociales y de concentración, han desarrollado un fenómeno llamado “FOMO”, un miedo a estarse perdiendo algo por no estar conectados.

Absorbe, demuestra que eres un buen consumidor, postea sobre la última serie de moda, postea la última película que se estrenó, el último libro, que es el mismo que han recomendado todos los demás, ese que te venden como la última gran obra, pero que resulta ser parte del establishment literario con diálogos enlatados que demuestran que la experiencia de sus creadores no es la de tener conversaciones directas, ni la de relacionarse con sus semejantes, que no tienen nada que ver con el mundo real y mucho menos con el tuyo. No todo puede ser evasión, postea el último lugar que visitaste, ¿lo has hecho por iniciativa propia o porque te lo han recomendado? Si antes veías programas para conocer el mundo, hoy en día hay influencers cuyo contenido está basado en viajes, vendiéndote una supuesta experiencia inmersiva y auténtica, pero qué autenticidad puede tener quien va patrocinado y se basa todo en lo que te diga esta persona que puede ir con prejuicios antes concebidos. La frontera entre géneros se rompe, no hay variedad, nada se distingue, arte comercial y comercio artístico, anuncios largos o vídeos musicales, todo es ya lo mismo, todo es ya banalidad, cómo pretenden que alguien se tome en serio una frase tan importante como “romper barreras” o lo de mejorar la autoestima, si quien lo está diciendo en una pantalla es alguien disfrazado de doritos, si la ropa que lleva está llena de logos y tiene el mismo costo que un salario mínimo, y el que te habla de que con esfuerzo conseguirás riqueza es alguien a quien nada le ha costado, todo se lo han pagado. Ver siempre lo mismo erosiona nuestra confianza.

Aunque los anuncios nos destaquen que podemos “elegir”, tanto en redes como en la televisión, esa publicidad está diseñada para mantenerte absorto en sus contenidos, elegir es ser parte absoluta de estar dentro de estos, es decir te venden la total negación de la elección. Te venden una alarma, te ofrecen cámaras, para despertarte todas las inseguridades, para que no salgas de tu hogar y así no apagues la tele y no te metas el teléfono en el bolsillo mientras sales. Parece imposible no estar en este sistema porque para bien y para mal, ya es parte de la cultura. Si quieres saber qué es normalidad: Confía en la televisión y odia cualquier carga de autoconciencia. Tu algoritmo sabrá lo que te hará sentir mejor.

No dejan de ser grandes herramientas, si haces buen uso encontramos información, debates, distracción, etc, que no es nada malo, el problema es cuando es tu única compañía, como está pasando con gente mayor, que en su mayoría vive sola. La televisión y las redes en largas dosis afectan de forma profunda los valores de la gente, olvidamos que muchas veces esa soledad que algunos mayores sufren no es realmente elegida. Hemos desplazado fácilmente la convivencia con nuestros seres queridos. La publicidad va dirigida a estos individuos, expertos explican que la gente siempre es: “más vulnerable y por tanto más fácil de convencer, si se les absorbe cuando están solos”.

Sinceramente el libro me pareció bastante vigente, “el desplazamiento de la radio no se debió a que la imagen desplazara al sonido, sino que a ésta se le añadiera la imagen” reflexiona David Foster Wallace, solo le agregamos en la actualidad, el smartphone y el contenido de las redes sociales, porque no solo han modificado nuestro comportamiento sino que también nos han condicionado de forma negativa. No es que sea algo malo, afirmar eso sería algo simplista e idiota, pero sí me empieza a parecer vulgar y estúpida, sin embargo: “es como es porque la gente tiende a ser extremadamente similar en sus intereses”.