GABRIELA GONZÁLEZ|| Philip Roth es un autor fundamental para entender la literatura contemporánea de Estados Unidos. Dentro de su extensa obra, relatos, ensayos y sobretodo novelas, se encuentran algunas de las más grandes proezas literarias de la segunda mitad del siglo XX como: El lamento de Portnoy, Pastoral americana o La conjura contra America. Nativo de Nueva Jersey, destaco este dato porque precisamente escribió sobre lo que conoció, siempre sobre su ciudad, su barrio, las dinámicas familiares (familias judías sobretodo), desde lo íntimo y lo local se proyectó a todo el mundo, porque hay realidades y sentimientos que, sin importar la geografía, se comparten.
Némesis (2010), es la última novela de Roth, no sé si mientras la escribía habrá sido consciente o no de ello. En 2012, a punto de cumplir ochenta años, anunció que había dejado de sentir el fanatismo de la escritura, que se retiraba, que ya había dicho todo lo que quería. Dedicándose por completo a la lectura. Debo confesar que leí esta historia con ese cariño, con la visión de que fue una despedida, el último capítulo de una mitología personal, y es que toda la novela tiene cierto tono melancólico, como la recapitulación del escritor que mira atrás y no cree que haya sido para tanto, que mira hacia atrás y se reconcilia con muchas cosas, la figura materna, el lugar en el que le tocó vivir, con su infancia y juventud.
Incluso su protagonista hace este ejercicio, echar la vista atrás y pensar en lo diferente que habría sido su vida si las condiciones hubieran sido otras. También leí la historia para comparar lo que viví, y vivimos como sociedad, durante la pandemia del COVID, pues Roth en su novela nos plantea una ficticia epidemia de Polio que ataca sobretodo a los niños y que a menudo dejaba discapacitados a sus sobrevivientes, ya sea con las extremidades y el cuerpo atrofiados y débiles o dependientes de un pulmón de acero. Mientras en Europa se libra la guerra, en Estados Unidos se está luchando contra una amenaza más cercana, un virus que no se ve, pero que es igual de mortífero que las armas.
Los paralelismos con la pandemia son muchos, el desconcierto inicial ante los primeros casos, el temor a medida que se convierte en epidemia y se va contagiando territorio a territorio, cuarentena, restricciones en la movilidad, las medidas de limpieza y protección, el terror a los apretones de manos, a los besos y a los abrazos. El posterior confinamiento, calles vacías, el temor por el desabastecimiento y la pérdida de empleos; y como siempre encontrar culpables, saliendo a flote los prejuicios, el racismo, el clasismo, en pocas palabras, el odio. Culpar de todos los males a los más desfavorecidos, negros e inmigrantes de los barrios más desfavorecidos. La paranoia ante la inseguridad, no saber con qué y quién podría contagiarte.
La historia se centra en Bucky Cantor, un profesor de educación física, recién egresado de la universidad, con 23 años está empezando su vida laboral, en el verano de 1944 queda a cargo del campamento de verano de la escuela de su barrio, su misión es mantener entretenidos a los niños y adolescentes mediante el deporte y competencias. El calor del verano y el contacto cercano hacían de este un lugar peligroso y quizás foco para la propagación de la Poliomielitis, así que acompañamos a Bucky en sus dudas y preocupaciones, pero hay algo más, Bucky es bajo, usa lentes, por problemas de visión no es aceptado en el ejército, esto le acompleja y avergüenza, pues sus mejores amigos están combatiendo en Francia. Bucky fue criado por sus abuelos, su madre murió en el parto, con su padre nunca ha convivido, así que es el tipo de persona con un gran sentimiento de responsabilidad que lo lleva a priorizar todo antes que a él mismo. Tiene una novia que, además de quererla, le supone un éxito social, es adinerada y su familia lo ha aceptado como un miembro más.
Desde afuera todo parece perfecto, un ejemplo de resiliencia, un chico que con fuerza de voluntad ha salido adelante y ahora empezará su propia vida, un personaje tan bueno y luminoso que no sería para nada del gusto de Schopenhauer. Pero madurar nos obliga a elegir, la idea de ayudar a los demás o buscar tu propio bienestar, tomar conciencia de lo que queremos ser. Bucky tiene la posibilidad de salir del barrio, varios de sus alumnos se han contagiado, incluso un par de ellos muere, la Polio ya es una realidad, puede ir a trabajar fuera de la ciudad, lejos del virus, pero eso significa traicionarse y traicionar sus ideales, a quienes le han dado trabajo, abandonar a sus alumnos que, al ser hijos de obreros no tienen segundas residencias en el campo, y no pueden huir para evitar la enfermedad.
Esta es una novela corta a diferencia de sus mayores obras, que solían ser extensas y ricas en tramas y detalles. Roth fue un cronista del siglo XX, retrató su sociedad y al individuo contemporáneo, asolado por las constantes convulsiones sociales, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra fría, el Macartismo, no temió manifestar sus ideas, ir contra la religión, ser crítico contra la autoridad, el fanatismo político y el ideario norteamericano. En esta novela todo es íntimo, pequeño y doméstico.

La amenaza aquí no es el entorno, la amenaza es la mente y los complejos que arrastramos; aún así conserva muchos elementos del Roth de siempre, sus recuerdos de la infancia, lo que significó crecer durante la Segunda Guerra Mundial siendo un niño judío, y si se quiere dar otra lectura, el ser diferente a la sociedad en la que te tocó vivir, reponerte ante las vicisitudes, pero sentirte siempre en desventaja porque cuando se es pobre no se tienen a veces ni las cosas más básicas, Bucky se deslumbra con todo, con la casa de los demás, el empleo de los demás… poco a poco vislumbramos la grieta en esa fachada de optimismo. Bucky no se siente digno ni merecedor de lo que consigue, un poco de síndrome del impostor, y cuando pasa algo que pueda corroborar eso, elegís creerlo, así funciona el auto boicot.
Bucky le otorga a la epidemia un aspecto mítico y metafísico, casi apocalíptico ¿porqué están siendo castigados? El verdadero terror se presenta cuando una completamente asintomática, completamente sana, se desplaza y resulta ser portadora de la enfermedad. Qué familiar nos resulta. Al menos nosotros contábamos con la ventaja de la inmediatez en la información, seguirlo todo en tiempo real, los reportes de contagios, las medidas a seguir, estar conectados con nuestros familiares a pesar del confinamiento. La diferencia con el libro, es que nosotros llegamos a tener una vacuna contra la COVID, para la epidemia de la novela no había cura, tampoco la había realmente para la enfermedad en los años cuarenta, la vacuna contra la Polio se descubrió hasta una década después en 1955 y supuso un alivio para todos los padres, que fueron masivamente a vacunar a sus hijos. Con qué estupefacción vería esa gente a los actuales anti vacunas, a los que rechazan la ciencia y la medicina.
De su estilo Roth siguió conservando esos giros que de repente lo cambian todo. La novela se divide en tres partes, durante la primera estamos ante un narrador omnisciente pero casi al final de éste una voz nos habla directamente, en primera persona, una sola frase para luego desaparecer; entonces se nos abren un montón de interrogantes ¿porqué sabe todo esto de nuestro protagonista? Bucky ni siquiera se encuentra ya en el mismo lugar. Hasta que vuelve a hablarnos en la tercera parte y la revelación de su identidad es un golpe dramático. Todo está bellamente narrado.
Pero cuando alguien quiere castigarse no se puede hacer nada, solo lamentarte de lo que pudo ser, pudiste ser grande Bucky, eras admirado desde ese pequeño lugar, bastaron unas semanas para marcar a toda una generación que casi treinta años después te recuerda con cariño, pero elegiste la auto conmiseración. A veces nos basta con ver a alguien como nosotros ir por el buen camino para intentar seguir sus pasos, no es idealización es inspiración, tener referentes es importante. El que una persona sea buena en algo no le convierte en buena persona, ni le hace inteligente o superior, puede que sea lo que el propio Roth pensaba sobre sí mismo, el escritor considerado un genio, multi galardonado pero que se ve a sí mismo como un tipo pésimo en todos los demás ámbitos de la vida.
Némesis, puede ser una indignación justa, una venganza divina, un castigo, pero también un enemigo. Sin duda Roth juega con todas sus acepciones. Némesis, la diferencia entre lo que era y en lo que se convirtió, Némesis, el pasado y el presente, la salud y la enfermedad, la esperanza o el pesimismo, la guerra y la paz, la sucia ciudad contra la hermosa naturaleza, la lozanía de la juventud contra los cuerpos avejentados.
Lo que para unos es lo correcto, importante e incluso un sacrificio, para otros es simplemente una estupidez o ese tipo de vanidad de alguien que se cree moralmente superior y debe demostrarlo. Lo cierto es que no somos los mismos a lo largo de nuestra vida ¿Qué tan fuerte es tu fe? ¿Qué tan afianzada tenés tu personalidad? Roth nos hace reflexionar ¿Vale la pena negarte a lo que querés? ¿Qué queda al final de todo? Nadie espera nada de nadie, la vida hay que vivirla a como viene, no seamos presas de preceptos auto impuestos, a nadie le importan los mártires.
