BRENDA GÓMEZ|| “El Patio”, “La ciudad” y “Paraíso”, conforman la famosa Trilogía de Tue de Thomas Korsgaard, uno de las talentos actuales más destacados de su país, ha puesto el foco sobre las familias disfuncionales; libros sobre esta temática hay cientos, pero el autor tiene un modo particular de narrar estas historias, ha creado a un protagonista que te atrapa por su forma de ser, su sentido del humor, su sensibilidad y su instinto de supervivencia. En qué otro sitio encontraría espacio un individuo marginado sino es en este blog, y más tratándose de una familia a la que las cosas le van cada vez peor, por eso voy a centrarme en dos de estos libros, porque mi fascinación radica en dos de sus vertientes, la primera porque se trata de un niño de doce años y la segunda, porque es ambientada en Dinamarca, es decir, sobre un corazón que podría quedar duro y áspero para siempre, y acerca de uno de los países más idílicos del mundo.

Con “El patio”, Korsgaard presenta a Tue, un chico en apariencia muy callado, él y su familia viven en Nørre Ørum una zona rural del país nórdico, hay mucha escasez económica, hay deudas y una granja que poco se aprovecha. Lonny, su madre, es depresiva y ludopata, su padre Lars es violento, está también Morten, su hermano mayor. Fuera de casa (es decir de su centro) están su abuela materna, su abuelo político y su tío paterno. En el libro hay muchas situaciones que te hacen impensable creer que Tue encontrará la manera de crecer con anhelos pues tiene que enfrentarse y revelarse contra esos mandatos que sabe que son incorrectos; es un niño que automáticamente obedece lo que dicen los adultos, sabe que en todo ello no hay sentido, pero todavía no lo llega a procesar hasta que va apareciendo la madurez y es cuando al fin ve que el adulto también puede ser caprichoso, bruto o sádico.

En “La ciudad”, Korsgaard ya presenta a un Tue a punto de cumplir la mayoría de edad, ya es alguien que, además de detalles, arroja pensamientos y juicios, muy a su pesar, pues se enfrenta a un dilema tan grande como el de juzgar a sus propios padres. Aquí Lonny ha recibido una indemnización por un accidente en su trabajo, Lars tiene una “organización” en su calendario laboral que divide por temporada (jardinería, la granja y el matadero de cerdos) su hermano se va a estudiar a un internado y en casa hay un nuevo miembro que es su hermana pequeña Nina. Tue empieza a experimentar los lazos de amistad con Iben, una chica de la escuela, el primer amor, las primeras salidas a Viborg, la ciudad más cercana, pero también situaciones complejas como la de su amiga Solvej, quien tiene que vivir con su padrastro tras la muerte de su madre.
Ambos libros no parecen tener un salto en el tiempo, o un cambio si no es por la oportunidad que le damos como lectores, el protagonista sigue rodeado de desolación, la muerte de su abuela marca una pauta para adentrarse en esa toxicidad que había entre ésta y su hija, y encontramos atisbos de lo que pudo ser ese otro ambiente familiar: “después que mi padre vomitara mi madre cubrió la maqueta con folletos de productos en oferta, lo mismo hacía el mío, me dijo, así podía mear y beber cerveza en el mismo sitio”. Lonny sigue apostando en línea y la situación se agrava porque se ha ilusionado con un supuesto pretendiente, no reconoce los límites y se lo cuenta a su hijo, provocando así una dinámica de chantajes en la que él, siempre que quiere algún objeto material y ésta se opone a comprarlo porque se excede en los precios, amenaza con contárselo al padre, ella parece habituada, pero dichas cosas dejan a Tue completamente destrozado: “el dolor se te queda atrapado en la respiración y se convierte en un eco dentro del cuerpo”.
El protagonista se esfuerza, trata de encontrar la tranquilidad en cosas sencillas como una disculpa, enjuagar los platos, esconder sus sellos, sus monedas de colección, o los juguetes que salen dentro de sus chocolates Kinder. Las cosas llevan su tiempo y se prometía curarse del todo. Daba muestras de cariño a su padre, aunque este lo apartara grotescamente, se sentía agotado de verle llegar con los brazos chorreados de sangre seca o la ropa manchada por el despiece de cerdos al salir del matadero, estaba completamente solo, estaba completamente avergonzado.
Las tumbas de animales muertos en el patio se iban acumulando cada vez, el cierre de otras granjas es notable en ambos libros, la mano de obra barata que empieza a llegar a Europa de otros países también es notable, el odio y el desprecio hacia la migración podría tener, perfectamente, una lectura aparte. Casas que se vendían, gente que se mudaba a la ciudad, fábricas que cerraban, tantas y tantas situaciones alarmantes que parecen lejanas para los adultos de esta casa, a quienes los días se les confundían unos con otros.
Korsgaard no se deja nada para describir la realidad en estas líneas, no nos complica la atmósfera, estamos permanentemente dentro de ella, los lectores sabemos cuando alguien está obligado a crecer a un ritmo acelerado, y somos capaces de determinar qué sucesos son los que van a repercutir en la vida de cada uno de los personajes. Cumplir la mayoría de edad es el factor más importante aquí, pues, Tue tiene ahora la oportunidad de independizarse, no por iniciativa sino porque lo echan sus propios padres; puede ahora sacar su mirada más aguda para fijarse en las venas, los ojos, la risa, los andares, el olor, la forma de hablar, para después decidir si quiere o no acabar siendo como ellos.
No voy a obviar que en los libros encuentro la realidad actual que se vive en toda Europa, principalmente el miedo que se siente desde estructuras sociales ya existentes, ni sobre el tipo de personas en las que hace énfasis. Hay que saber cómo diferenciar a la gente vulnerable en riesgo de exclusión social (que somos muchos) y personas que solo quieren vivir aprovechándose del sistema de bienestar, que curiosamente (o no) demonizan. Los servicios públicos no se van al garete como muchos piensan, pero sí el trabajo pedagógico (y las fuerzas) para seguir desmontando bulos de esos que solo expanden el odio. Ya no se puede dialogar, ya nadie es partidario de reconocer que las transnacionales se han aprovechado de los huecos que dejan algunas administraciones gubernamentales y que el sistema fiscal no es igual para todos.
Le da mucho mérito al autor el hecho de contarnos una historia como la de Tue con todos estos componentes actuales, pues eso, de no saber diferenciar los rasgos de las personas, es propio del núcleo familiar, o la violencia tan normalizada que luego resulta “espontánea” en cualquier ámbito. Esos hijos llaman cerdos y cerdas a sus propios amigos, esos padres retiran el plato de comida para dárselos a los perros en señal de castigo, esas madres luego de la paliza que ven que le dan a sus propios hijos preguntan a estos si quieren ver una película. Korsgaard no pretende llamar perverso a nadie, solo te dice que también existen, incluso en ese país avanzado, en donde es impensable creer que haya alguna desigualdad dentro de su sociedad ilustrada.
Lógicamente me conmueve Tue, es triste no saber como consolar a los tuyos, es doloroso arañarte la garganta para que el cuerpo sienta lo que el corazón tiene, volverte un sarcástico y reírte de la taza de café de tu figura paterna con una frase que dice “El mejor papá del mundo”, estas historias para mí son tan necesarias, que parece fácil escribirlas, lo son para encontrar un hueco y dejar entrar a estos personajes, pero también para tener en cuenta que siempre tienen opciones de elegir la vida que quieren.
