GABRIELA GONZÁLEZǁ A Truman Capote el éxito le llegó pronto, antes de cumplir los treinta ya era un escritor reconocido que gozaba de éxito y fama; y si lo pensamos, muy pocos escritores han tenido el nivel mediático que tuvo; a lo largo de su carrera se mantuvo vigente por sus obras pero también por sus apariciones televisivas. Tuvo una faceta como guionista, empezó de casualidad, como se dan las mejores cosas y este fue su primer acercamiento al cine, muchos años antes de que sus obras fueran llevadas a la pantalla.
En 1953 ya había publicado dos novelas: Otras voces, otros ámbitos (1948), El arpa de hierba (1951), y dos libros de cuentos: Árbol de noche y otras historias (1949) y Una guitarra de diamantes (1950). Ese año estaba viviendo en Italia y fue contactado por el famosísimo productor de Hollywood David O. Selznick, que producía en ese país la película Estación Termini que dirigía Vittorio De Sica, un romance protagonizado por Jennifer Jones y Montgomery Clift; no tuvo éxito en taquilla, aunque su trabajo fue del agrado de Selznick, conservaría la amistad con éste y los actores el resto de sus vidas. Ese mismo año Jennifer Jones estaba en el reparto de Beat the devil, en español La burla del diablo, también rodada en Italia, dirigida por John Huston y protagonizada por Humphrey Bogart. Con las grabaciones en marcha se quedaron sin guionista, por recomendación de Jennifer, Huston llamó a Capote y ambos firmaron el guión. La película es casi una parodia al trabajo que realizaron Huston y Bogart en El halcón maltés, nadie lo comprendió y fue un enorme fracaso, convirtiéndose en clásico más por las anécdotas del rodaje que luego Truman iba contando.

Pero no sólo fueron fracasos, el éxito como guionista le llega de la mano del británico Jack Clayton y su película The Innocents (¡Suspense!) en 1961, la mejor adaptación de Otra vuelta de tuerca de Henry James. Los guionistas apostaron por las sutilezas y la insinuación, conservando el espíritu del material original pero dotándolo de una forma más cinematográfica. La película es una obra maestra, desde el inicio con la pantalla completamente en negro, una voz infantil cantando una triste canción sobre un amante perdido para pasar a unos susurros y el primer plano de unas manos en gesto de desesperada oración. Maravillosa.
Las adaptaciones de sus dos más famosas obras son verdaderos clásicos del cine por sí mismos. En 1961, tres años después de la publicación de Desayuno con diamantes sale la película, con Audrey Hepburn dando vida a Holly, icónica es esa imagen de la actriz con un little black dress de Givenchy, comiendo un cruasán frente a la famosa tienda o tocando la guitarra mientras canta Moon river en las escaleras de incendio, aunque el personaje quedó un tanto diluido y dulcificado, quitando todo lo mundano y por tanto problemático.

Para el salto al cine de A sangre fría (1967), Capote escogió personalmente a Richard Brooks ya que le había gustado su forma de traducir a la pantalla las obras de su amigo Tennessee Williams, La gata sobre el tejado de zinc y Dulce pájaro de juventud, además de haber adaptado a otros grandes autores como Dostoievski o Joseph Conrad. La película es un true crime adelantado a su época, con un dramático blanco y negro, nos presenta a Dick un ladrón compulsivo y a Perry un joven con tendencias a la violencia, ambos exconvictos que se conocieron en la cárcel; del otro lado vemos a los Clutters iniciar su día, ajenos al horror que les esperaba. Un acercamiento, no justificación de la psicología del criminal.
Menos conocida es la adaptación de El arpa de hierba (1995), de Charles Matthau, una película independiente que aún así contó con un gran reparto como Sissy Spacek, Jack Lemon y Walter Matthau, padre del director y gran amigo de Truman al que menciona en algunos pasajes de Plegarias atendidas (para los que crecimos en los 90’s siempre será el Sr. Wilson de Daniel el travieso). Un adolescente por la muerte de sus padres se ve obligado a vivir con sus dos tías. No siempre la profundidad y perspicacia de los personajes es captada, la denuncia social, el racismo, los abusos de poder o los atropellos de la iglesia quedan un poco deslavados en pro de crear una película emotiva.
Algunos de sus cuentos también han sido adaptados como TV movies, Un recuerdo navideño (1966), que cuenta también con un remake de 1997; El invitado del Día de Acción de Gracias (1967), secuela del cuento anterior, En la antesala del paraíso (1967), Miriam (1969), este era un cuento muy especial para Truman ya que con este ganó su primer premio y marcó el inicio de su carrera como escritor, La casa de cristal (1972) y Una Navidad (1994), con Katharine Hepburn en uno de sus últimos papeles.

Prácticamente sólo le faltaba él mismo protagonizar una película y es lo que hizo en 1976 en Un cadáver a los postres (Murder by Death), donde interpretó a un millonario que invita a su castillo a los cinco mejores detectives del mundo, parodias todos de los personajes creados por Dashiell Hammett, Raymond Chandler o Agatha Christie, y les reta a que resuelvan un asesinato durante la cena, actúa junto a los actores más selectos de la época como David Niven, Peter Sellers, Peter Falk, Alec Guinness, Maggie Smith y otros. Es una gran comedia, humor absurdo pero ingenioso y a la vez una reflexión sobre el cine y la novela negra. Capote fue nominado a los Globos de Oro como mejor actor revelación.
En 1977 protagoniza un pequeño cameo en Annie Hall de Woody Allen. Pasa frente a los protagonistas en Central Park y estos bromean sobre su parecido con el escritor, es que Truman era casi un emblema de Nueva York.
Los últimos años de vida de Truman fueron muy decadentes, hasta su muerte en 1984, en esos años era asiduo a los programas de entrevistas como El show de Dick Cavett o de Richard Frost, ya que era capaz de decir cualquier cosa y hasta criticar a sus famosos conocidos, casi siempre borracho. En una de sus más recordadas apariciones, como todo alcohólico que no acepta su realidad, atribuyó el estado en el que se encontraba al consumo de tranquilizantes, ya que era una práctica muy extendida en Estados Unidos; lo de dopar a buena parte de su población no nació con el Fentanilo, en la década de los 50 y 60 se recetaba, sobretodo para las amas de casa Valium, como lo cantaron en Mother’s Little Helper los Rolling Stones, en los 80 y 90 el Prozac y demás antidepresivos.
Pero su vida y obra sigue y seguirá suscitando interés, a más de 20 años de su muerte salieron casi simultáneamente dos películas sobre él, concretamente, sobre el período de creación de A sangre fría. La primera titulada Capote del 2005, protagonizada por Philip Seymour Hoffman quién ganó el Oscar como mejor actor, la película obtuvo varias nominaciones y reconocimientos, Philips hace un retrato serio y solemne de Truman, se centra en su viaje a Kansas junto a su amiga Harper Lee, la investigación y visitas a Perry. Nos plantea la interrogación de hasta qué punto esa amistad fue fingida, si sentía algún respeto por las víctimas y los asesinos o sólo vió una mina de oro en esta historia.
La segunda Infamous del 2006 la protagonizó Toby Jones, que hace una actuación muy buena, el parecido físico jugó mucho a su favor, es un Truman más alegre, se centra en su vida en Nueva York, introduciendo muchísimos personajes; pero falla al centrarse en algunos aspectos morbosos, en su vida social y no en la creación de esta novela que representó una nueva manera de entender la literatura.

Este año 2024 HBO, estrenó la segunda temporada de Feud, la serie de Ryan Murphy que pretende retratar grandes rivalidades, en su primera temporada abordaron la rivalidad entre las dos leyendas de Hollywood, Joan Crawford y Bette Davies. En esta segunda temporada titulada Capote vs The Swans, nos muestra la traición de Truman a su grupo de amigas a las que él mismo llamaba sus Cisnes, la serie arranca con un Truman avejentado por la bebida, su carrera como escritor se había estancado y era sobretodo un personaje televisivo, el conflicto explota con la publicación de un artículo en el que cuenta algunas intimidades de sus Cisnes. Su mejor amiga rompe todo contacto con él y esto lo hunde aún más en su espiral autodestructiva. Tom Hollander capta la ambigüedad de Truman, un escritor brillante, un amigo incondicional pero a la vez ruin. Cuenta con un gran elenco femenino, es siempre interesante el retrato de esas vidas frustradas que disimulan su amargura con joyas, obras de arte, fiestas, vinos caros, whisky y tabaco, dispuestas siempre a lanzarse veneno unos a otros.
De Truman lo supimos casi todo, por la televisión o su literatura, pero nunca dejó de ser ese niño que retrató Harper Lee en Matar a un ruiseñor, ese vecino fantasioso y tan propenso a exagerar e inventarse historias, que lo llevaron lejos, a conseguir todo lo que quiso y fueron también su fin.
