Jorge Carrión: «Los buenos lectores se acaban preguntando en algún momento por la historia del libro y de la lectura»

BRENDA GÓMEZ

Hace un par de meses, para acercarme a conversar con una de las autoras más destacadas de la actualidad, elegí presentarme como uno de los personajes que describió en uno sus libros, aquel extranjero que decide desplazarse miles de kilómetros para poder escuchar a su pensador favorito. Esta semana decidí volver a repetir la misma hazaña de ese personaje, la razón fue el escritor Jorge Carrión (Tarragona, 1976), quien presentó su libro “Contra Amazon”, en la preciosa librería Cálamo de Zaragoza. Para este autor, la idea de que todo está dicho o hecho no debe predominar; es alguien con una mente inquieta, y quien posee los signos más distintivos de nuestra generación, cuestionamiento y reflexión. Mientras fluye su conversación, te trasladás a los lugares que menciona. Arduo defensor del libro y las librerías; sus planteamientos hacen que tome conciencia del mundo actual, de los beneficios y las consecuencias de la globalización. Un mundo que, desde sus palabras, no puede continuar con este modelo insostenible.

Una de las cosas que más me llama la atención es que tu planteamiento sobre las distintas compañías de venta online sea considerada como la opinión de alguien desde una posición urbanista. Parece ser que la inmediatez ha desplazado en la mentalidad de la sociedad, la crítica, no solamente hacia los monopolios sino a las precarias condiciones en las que el ser humano, por necesidad, está obligado a aceptar.

¿Crees que reflexionamos cada vez menos?

Vivimos en una sociedad en que prima la opinión sobre la reflexión. La opinión precipitada, intuitiva, casi siempre equivocada. No sé quién sería el pedagogo que tuvo la idea de comunicar a los niños que todas las opiniones son válidas. No lo son. Solamente lo son las informadas y reflexionadas. Por supuesto mi mirada sobre el mundo es urbana. Le dediqué Barcelona. Libro de los pasajes a ese tema: cómo una ciudad formatea tu cerebro.

Precisamente en tu maravilloso ensayo “Barcelona, libro de los pasajes” está la mirada de alguien preocupado por su ciudad, una ciudad que poco a poco va perdiendo su personalidad; pero esta mirada se podría tener sobre Managua por ejemplo, porque cada vez la comercialización te absorbe. ¿Te imaginaste alguna vez que el término “avance” podría convertirse en un generador de desigualdad y que bien podría convertirse en ese algo que nos arrebata hasta lo más personal?

Desde el siglo XVIII, en que nace el mito del progreso (o desde el XVI, cuando lo hace la globalización), el avance ha sido siempre retroceso. Las ciudades, desde el momento en que derriban sus murallas, entran en una dinámica de construcción y destrucción, que ya no cesa. Lo que importa, ahora, es que una ciudad tenga claro cuál es su patrimonio, tanto material como inmaterial, para que lo preserve. Sus pasajes y sus librerías, sus paseantes o pasajeros y sus lectores, por ejemplo.

Ahora que mencionás a los lectores, me gustaría saber ¿qué tipo de lector sos, de los que se corrigen o se reconocen mediante van pasando las páginas?

Soy un lector sistemático y sin embargo muy caprichoso. Cambio constantemente de género, de tema, incluso de libros. Empiezo muchísimos y acabo pocos. Estoy constantemente buscando en los libros ideas o estilos o datos, según un espectro de intereses o de investigaciones muy variadas, que solamente puedo reconocer yo. Como si en mi cabeza hubiera cinco o seis radares siempre en funcionamiento y decenas de lucecitas parpadeantes de colores e intensidades distintos.

 Una persona inmersa podría decir, sos alguien que incluso conversa con su Cicerone mentalmente mientras recorre una ciudad. Recuerdo que en el 2017 publicaste en Jotdown algo que llevaba por título “Contra Amazon, siete razones, un manifiesto” y desde entonces he encontrado diferentes opiniones. ¿Has percibido que se ha generado este mismo debate fuera de las redes?

Yo creo que con el tiempo hemos pasado de la utopía digital a la conciencia de la oscuridad de internet. Cada vez es más difícil encontrar a personas inteligentes e informadas que defiendan a Amazon. Lo que significa que se está imponiendo el sentido común: ¿a quién se le ocurriría defender a McDonald’s, Zara, Telefónica o el BBVA? Las empresas y las corporaciones tecnológicas son igual que el resto. Evaden impuestos, anteponen el beneficio a todo lo demás, explotan, etc.

Para finalizar, considero que eres un constante defensor de las librerías y del libro en sí, pero también uno de los autores que junto a Irene Vallejo o Violet Moller han hecho que no sólo nos volvamos a enamorar del libro sino que sepamos la historia que hay detrás del objeto, de todo lo que las palabras del pasado han tenido que evolucionar para llegar hasta nosotros. ¿Crees que este género literario nos vuelva mejores lectores?

Los buenos lectores se acaban preguntando en algún momento por la historia del libro y de la lectura. Con Librerías, supongo, no solamente quise escribir una vuelta al mundo por las mejores librerías y una historia cultural de esos espacios, sino también mi autobiografía como lector. Al final mi memoria emocional se proyecta en la de quien lee, que añade sus propios libros y librerías a los míos. No sé si los libros sobre libros nos hacen mejores lectores, pero sí nos vuelven más conscientes.

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