¿Versos que narran?

           a KB, por su ayuda.

OMAR ELVIRǁ Hay obras de difícil clasificación. Su complejidad, prevista o no por el autor, rebasa las categoría o etiquetas con las que quisiéramos catalogarlas. Ars Combinatoria, de Michèle Najlis (Granada, Nicaragua, 1946) es un ejemplo de ello. El libro, en su ficha es definido como “poesía nicaragüense”, sin embargo en varias referencias se le considera narrativa e incluso se le menciona como una trabajo emblemático de la narrativa corta, microliteratura o minificción nicaragüense.

No me interesa discutir si se trata de prosa o de verso, prefiero señalar el carácter dúctil del idioma que Najlis descubre, aprovecha y celebra. Hay versos o poemas que pueden tener naturaleza narrativa y la prosa a su vez puede evocar imágenes, estados, cadencias, asociados normalmente a la lírica. Al final es la lengua la que funciona como vehículo de expresión y eso es lo que se logra en Ars Combinatoria.

El libro está dividido en siete partes que aglutinan el material en las temáticas clásicas: amor/desamor, poder, tiempo, vida/muerte. En toda la obra está presente una intención de juego, de experimentación, tal vez de ironía; digo intención porque a veces la autora no logra pasar de eso y se queda en la propuesta, la sugerencia de algo que luego se diluye. Ello por cierta matriz conservadora que no deja de impregnar las piezas y que en algunos casos las vuelve hasta intentos de adoctrinamiento.

Ars combinatoria reúne textos bastante afortunados por un lado y por otro, simples ocurrencias que terminan desmereciendo a todo el conjunto y que le restan coherencia, sobre todo teniendo en cuenta las posibilidades del género. En cualquier caso, el libro, a pesar de sus limitaciones, sale bien librado y vale la pena meterse en él.

En otros espacios en que se habla de este libro, aparece algún texto notable; por mi parte me quedo con este que espero sirva para invitar a la lectura de toda la obra:  

Respuesta de la sirena a una carta de Ulises

Es mejor para Ulises (puesto que hace siglos decidió quedarse en Ítaca) ir de vez en cuando a la playa y mirar, nostálgico, el mar, que tratar de regresar a la isla encantada.

Lamentablemente quien desee conseguir un ejemplar, no la tendrá tan fácil, y no por su alto costo, como en otros casos, sino porque la única edición existente es de 1988, con un tiraje de diez mil ejemplares. De no ser por esa cantidad, seguramente la obra sería más rara de lo que ya es. Hay que rebuscarla en los puestos de libros usados o tener suerte en alguna librería poco frecuentada que tenga aún material de esa época.

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