El poder colectivo no es una ficción

BRENDA GÓMEZǁ La juventud… Ese estado de perfecta salud. Dotado con un coeficiente intelectual más que conveniente, parafraseando a Caroline Lamarche. La juventud, ese estado que al sentir que se acaba, te hace querer penetrar hasta en las olas. ¿Qué fue de todo eso? ¿De qué van los medios de comunicación al decirme sobre las colas de personas esperando por su orden de hamburguesa? ¿Es acaso eso lo que va a definirnos en años posteriores? ¿Es esa la imagen que se mostrará de nuestra sociedad cuando se mencione la crisis económica, hambrunas o pandemias?

Consciente de que cuarenta días de encierro no serán suficientes para darnos cuenta que, unas gafas de “marca cara” son un simple objeto de plástico, quisiera que las “Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social” de Simone Weil quedaran en mi lista de necesidades ineludibles. Un libro cuyo propósito principal es captar el mecanismo de opresión en las condiciones materiales de la organización social. La organización… Esa palabra que ha quedado relegada de su razón de ser. La organización, esa que valía para dejar de ser esclavo en tu propia casa.

La organización… Esa que existe en nuestro país y te toma el pelo, y que arremete contra una mujer por portar un pañuelo morado en su muñeca, cuyo símbolo está lleno de los principios para que nuestra humanidad no siga dependiendo de enterrar a otros para sobrevivir, pero que diariamente te presenta a alguien cuya dosis de vocación ciudadana está en escupir ejemplos del primer mundo, donde la pobreza, contrario a nuestra realidad, aparentemente sí se puede confinar.

No es que todo esto sea blablabla, es más bien la reflexión que me generó el libro. Un libro que hace que identifiques que nuestra realidad está construida sobre una estructura de desigualdades, y una vez finalizado te deja una incógnita tan certera como ¿desde qué bases vas a empezar a ver el mundo?

Además de las interrogantes, están también los cimientos para formar una sociedad libre, con la capacidad de pensar y de actuar, porque no sólo tenemos que “sembrar girasoles”, como dijo aquel poeta suicida, sino que habría que escribir cosas eternas para estar seguros de nuestra actualidad. Hay que hacer que las palabras vuelvan a recobrar su significado, y cansarnos de amortiguar siempre los golpes de la opresión y el poder, porque nada tiene valor cuando la vida humana no lo tiene. Este libro, sin lugar a dudas, te servirá, más ahora, en una época privada de futuro.

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