Cuando James Dean se convirtió en gigante

Luis Vallecilloǁ Hay películas capaces de hacernos retroceder en el tiempo, pocas las que nos hacen comprender la vida en una época determinada. Gigante, basada en la novela homónima de Edna Ferber y dirigida por George Stevens, está protagonizada por Rock Hudson, Elizabeth Taylor y James Dean, nos cuenta el porvenir de una familia texana acomodada, quienes tendrán que medir sus prejuicios con los enormes cambios que se avecinan, donde no se puede seguir escapando de superar las carencias individuales.

En los 201 minutos de ella se analiza el comportamiento social de entonces, porque logra encaminarte hacia un puente de entendimiento cuyo recorrido permite abrirte a muchas  preguntas, y una vez atravesado cuestionés el porqué de muchos problemas, que incluso hoy en día, son tema de discusión.

La discriminación es una constante durante toda la trama, podría considerarse como su principal crítica. El conflicto contra la comunidad mexicana y otros aspectos que toman relevancia conforme transcurre la historia, son una forma hábil, desde mi perspectiva, de hacernos entender el modo de vida de la sociedad americana más conservadora de aquellos años. Pero también surgen personajes como Jett Rink, un  joven trabajador solitario y desdichado sin rumbo fijo, que se convertirá en el  ejemplo de la ascensión y superación personal, aunque carga con una profunda melancolía e insatisfacción.

Si bien en “Al este del Edén” y “Rebelde sin causa”, James Dean nos brinda actuaciones sobresalientes retratando a jóvenes problemáticos y tormentosos, en Gigante encuentra su punto de madurez, con un personaje tan magnético que logra robarse el protagonismo en todas las escenas en las que aparece, con un personaje que hace al espectador sentir admiración, odio y compasión.

Dean, quien el pasado 8 de febrero habría cumplido  ochenta y nueve años, falleció en un accidente automovilístico antes del estreno de la cinta, justamente después de haber terminado sus filmaciones. Su actuación le valió una segunda nominación, aunque póstuma, a los premios Oscars, dejando así un legado imborrable, y convirtiendose así en una de las más grandes leyendas del cine clásico. Con un repertorio cinematográfico que tiene historias de vencedores, perdedores en el amor y complejos personajes con dilemas difíciles de exteriorizar.

Esta película logra un montaje perfecto, esto y muchos de sus aspectos técnicos funcionan como una cohesión en pro de la narrativa de la historia. Quizás no resulte apta para todo público, no porque contenga contenido inapropiado, o porque amerita un conocimiento superior a la media para su apreciación, sino porque proviene de una época en la que la forma de trabajar el cine, principalmente el estadounidense, era muy distinto al que estamos acostumbrados.

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