La Teresa que yo conocí

MAYNOR XAVIER CRUZǁ Supe que murió Juan Marsé y me entró la nostalgia. Él fue mi divorcio de los cuentos  de Cortázar,  los libros de Sergio Ramírez y de El coronel no tiene quién le escriba, la novelita de Gabo que releí al menos unas cuatro veces por falta de acceso a otras después de mi bachillerato en el .2005.

Últimas tardes con Teresa (1966) de este catalán fue una novela salvavidas; una edición cubana encontrada en los libros usados en una de las aceras cerca de la alcaldía de León, una lectura nocturna en esa ciudad de la que era un advenedizo en 2007. Mi primera compra de una novela por placer. Mi primera desconfianza a los premios literarios, pues ella ganó el Biblioteca Breve. El tercer libro publicado por él, el primero que me hizo admirarlo.

Ahora hablemos de las virtudes de esta obra: Un narrador omnisciente, veintidós capítulos de una historia lineal con algunas rupturas narrativas, analepsis y algunos pasajes cargados de descripción; protagonizada por una mujer superficial y un ladrón de motos. Teresa, la chica de varios apellidos, y Manolo, el ambicioso que se propuso enamorar a una burgués, pero falló en la primera búsqueda, pues encontró a Maruja, la que fungía como amiga de infancia y doméstica en la casa de nuestra protagonista. Era Barcelona de mediados de los cincuenta del siglo pasado.

El accidente que sufre Maruja y la muerte de la misma sería el motivo para que esta pareja terminara relacionándose, aunque las cosas empiezan a salirse de las manos del Pijoaparte y asistiremos a ver este idilio llegar a su fin cuando los padres de la chica se enteran del romance, a comprender el motivo del título de la novela, a ver a Manolo perder todo lo que había logrado no solo con ella sino con El Cardenal, para quien ha robado las motos todo el tiempo.  Manolo no desea perderla, por eso no le importa todo lo que pase con él con tal de recuperarla, por eso irá a buscarla.

Últimas tardes con Teresa es la mezcla del suburbio y la clase alta, es la rebeldía, la mentira y sus consecuencias, es la traición al amor.

Hasta siempre, Juan Marsé, otro día te confieso cuando leí Encerrados con un solo juguete (1960), por ahora me quedo con tu recuerdo y el de esa mujer que me esperaba en mi cuarto todas las noches que duró mi lectura.

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