Los ojos de la guerra

MARGARITA HERNÁNDEZǁ ¿Qué tendrá de especial escribir sobre la Segunda Guerra Mundial? Ese tema del que aún sigue gastando tinta. No lo sé. Y lo que es peor: ¿Qué tendrá de  especial seguir hablando de Hitler y los nazis, de los campos de concentración, de miles de cuerpos desnudos apilados unos sobre otros, de posibilidades de escondites para sobrevivir, de hambre, de dolor, de putrefacción, de cólera e impotencia. ¿Pero cómo sobrevivir cuando no hay lugar donde esconderse? Por eso, cuando llegó a mis manos la novela Todo en vano (2006), de Walter Kempowski ya imaginarán la cara que hice solo al verlo. Sin embargo, me equivoqué para bien.

La historia es contada por un niño de doce años, el que ve y describe los tormentos y el horror de la guerra. Creo que hasta Dios había iniciado el éxodo desde mansión Georgenhof, antes que las noticias de la tragedia llegaran, el eco de destrucción y miseria se escuchaban más fuerte y cerca, la amenaza es palpable y el circulo de destrucción se cierra, sombríos nubarrones que son el polvo de los cuerpos calcinados en los campos de concentración cubren los cielos del año 1945, “La isla negra en un mar blanco”.

Los habitantes de la mansión se enfrentan al inclemente invierno prusiano, y la desbandada en huida de la segunda guerra mundial y caída del Tercer Reich.

Katharina von Globig, su hijo Peter y una tía lejana junto la servidumbre se refugian a la espera del regreso de Eberthard von Globig, esposo de Katharina quién es un oficial especialista del ejército alemán, que los deja para servir en Italia. Con el ejército Rojo amenazándolos  y los soldados alemanes buscando refugio en Georgenhof, Katharina mantiene a su esposo  presencial en la casa con sus  constantes evocaciones de su pensamiento, en juego con las vivencias del abanico de desplazados y sus propias guerras internas.

La ambigüedad predomina, en guerra todos somos enemigos y todos amigos, es fácil cruzar la línea de lo blanco a lo negro y al final todo queda en un tiempo gris, y un judío ya no nos parece un súcubo de las filas del infierno, y las cegueras colectivas se curan.

Todo en vano es  otra perspectiva de ese tema tantas veces contado.

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