La sorpresa de la sección de carnes

ALDO ALDANAǁ Un cuento tiene la virtud de llevarte a la introspección, a emocionarte o bien a arrancarte una carcajada. Cuando hablamos de cuento breve o microcuento, el reto para el escritor es mayor. Es mucho más difícil la construcción de una historia contundente con pocas palabras, pues se debe de contar todo lo demás sin necesidad de plasmarlo.  

Daniel Pulido, escritor colombiano que se radicó en León, Nicaragua desde 1984 escribió  Novedades del consumo, que es parte de su obra Cuentos para leer en familia (2004), no solo parece un título de un artículo periodístico, sino que también lo es.

Está compuesto por tres párrafos. Cuando inicia nos introduce a un ambiente de los más cotidiano, como un buen artículo de la sección de “novedades” lo haría. Esta misma cotidianidad se extiende al segundo párrafo, donde nos construyen la emoción de un círculo de clientes  y sus reacciones ante el nuevo supermercado del lugar, de forma específica, su sección de carnes, donde se exhiben animales vivos.

¿Qué estamos viendo realmente?, ¿Dónde nos conduce la voz narradora?, ¿la metamorfosis sufrida nos perseguirá por cuánto tiempo? Y es que la novedad que se nos revela en las dos últimas oraciones, que a su vez constituyen el último párrafo resultan ser  construcciones oracionales que golpean sin anuncio y con la perfección de la herida que le hizo el estilete a Sissi Emperatriz y le causó la muerte, una herida casi visual cuando finaliza la primera oración de ese párrafo, ¡hombres y mujeres en los exhibidores!, y el estilete sigue cuando en la siguiente oración se nos describen los clientes habituales.

La pregunta queda suspendida en el aire, luego de nuestro cerebro explotado, como si se miraba a través de un documental o se escuchara en la radio, ¿quiénes somos?

 Es un cuento con tinte existencialista que abarca la totalidad de la realidad en una cadena de enunciados simples y nada pretenciosos, que a su vez tejen una cadena de escenas que apenas y se infieren, todo lo hace nuestra imaginación, las palabras del cuento solo nos van impulsando al climax final que supondrá por entero la revelación del universo que encierra en sí mismo y en nuestra mente la historia se seguirá contando sola.

Insisto en que la maravilla que encierra un cuento corto revela la capacidad narradora de un autor. Este cuento inicia como el anuncio de la radio informativa que escuchaban nuestras abuelas antes de la radio novela, aunque la vuelta de tuerca que supone nuestra sorpresa, se escucha en nuestro interior de lo más natural, pero con ello la abuela no interrumpe su quehacer, sigue haciendo las uñas tostadas que le quedaron de la mujer entera que compró la semana pasada, «entre más viejas salen más duras», y entonces vuelvo a preguntarme ¿quiénes somos?

 También escritor nicaragüense Luis Báez hace algo parecido en su cuento Parque de animales en su obra Historia Nacional de loa abyecto (Anamá, 2021).

He aprendido a valorar a los cuentos y a los cuentistas, a deleitarme por su capacidad de hacer que me detenga en mi carrera laberíntica entre los booktubers y youtubers que recomiendan sin cesar la nueva sensación del urban fantasy o cualquier otro subgénero inventado por la editorial que mejor pague su publicidad.

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