El partido de futbol

Pero el fútbol era otra cosa. Era pura pasión por el juego.

                                  Encharcarse buscando ese gol en los  últimos minutos   

 y luego el lodo y el pitazo final, los gritos, los abrazos.

(Una foto para la lluvia)

MAYNOR XAVIER CRUZǁ  Hace un par de meses me enteré que el libro de Berman Bans La fuga (2013) tendría una nueva edición y me dispuse a leerlo, esta vez terminando la lectura que inicié siete años atrás, cuando el libro por fin llegó a mis manos.

Recuerdo que le pedí al autor que llevara un ejemplar del libro aquella noche en que la editorial La Chancha presentó en Managua una muestra narrativa, en la que me incluía con otros cuatro autores más, con el título Miedosos apuñando lápices y cuadernos (2015), dos años  después de la publicación de La Fuga.

Berman fue el presentador del evento y quien nos hizo preguntas y comentarios a quienes asistimos como autores: Fauno Ezequiel, Alberto Sánchez y yo. Las autoras tuvieron un inconveniente que impidió su asistencia.

Por esa noche todo terminó bien, le pedí a Berman el ejemplar autografiado y pensé que la lectura me llevaría un poco más de una semana, pero no fue así.   

Recuerdo que ese año intenté leerlo aunque no pude pasar al tercer cuento —por cierto, ese segundo cuento, La carne compartida, me parecía una visión más humana, y desde los protagonistas, de aquel cuento de Sergio Ramírez  en El Reino Animal (2006),  Mañana de domingo que trata sobre una  ballena encallada en una playa de León, como también me recuerda a La perla (1947) de Steinbeck, por la tragedia que viven los pescadores tratando de llevar el sustento a su familia, pero bueno, cada quien tiene referencias cuando hablamos de novelas o cuentos que mencionan al mar y la playa como escenario principal—, siempre había otro libro u ocupación que me hiciera postergar la lectura.

Y así estuve, leyéndole los cuentos por azar, sobre todo los distópicos (Antes de la niebla, Desde la niebla, Después de la niebla). Ahora, siete años después de que adquirí su libro estos son mis apuntes:

1. Los nueve cuentos que aparecen en un libro están geniales; la mayoría de ellos ocurren en los barrios de Managua (salvo La carne compartida, que ocurre en las playas de León), y tienen cierta cronología que abarca desde mediados de los años ochenta hasta un futuro distópico a principios del 2030, lo que sería un tiempo histórico de medio siglo; y la mayoría de los personajes lo que tienen en común es la ciudad, como escenario de sus andanzas.

2. Está estructurado de una forma en que tanto el primero, el quinto y el último cuento los personajes son adolescentes en esa Managua ochentera (Una foto para la lluvia, The Delayed) que luego entró a la década de los noventa (La fuga), en ese orden; además, narrador testigo de este último cuento es el protagonista del primero, Marcos, por lo que existe una circularidad interior en el libro.

3. El sexto y octavo cuento (Desde la niebla; Después de la niebla) son una continuación del cuarto cuento (Antes de la niebla), con la historia de Franklin Balladares Brockmann, un nicaragüense neonazi nacido en 1990 y quien según su historia llegaría a ser escritor y hasta un político joven en nuestro paisito en el que su paso dejó una ola de desastres, aunque para algunos amigos y familiares es considerado un héroe nacido en el país y la época equivocada.

4. El segundo, tercero y séptimo cuento tienen que ver con las desgracias familiares: una mujer que abandona a su marido, cansada de un matrimonio miserable (La carne compartida), unos burgueses caídos en desgracia y los hijos de la familia sufren los estragos de la bancarrota (Devoir à la maison) y un joven italonicaragüense y gigoló que tuvo la mala suerte de fijarse en la mujer equivocada (Entre dos aguas).

5. En la mayoría de los cuentos asistimos a esa vida miserable de los protagonistas, a una Managua de finales de los años ochenta, de servicio militar, de guerras, de atentados (con esa referencia e insinuación a lo que después sería el atentado en La Penca en 1984), de traumas; luego a una vida con los adolescentes que trataban de olvidar lo que pasaba el país o con ellos y se refugiaban en los amigos, los juegos y el deporte, beisbol nacional (Los Dantos sugeridos por algunos de los personajes), y  el futbol era preferido de los protagonistas adolescentes, con la referencia de los futbolistas internacionales de la época: Pelé, Maradona; a jóvenes que ignoran lo que pasa en el país porque se fijan solo en su vida personal. Golpes de suerte o de mala suerte para cada personaje.

6. Los diálogos y las descripciones no cansan, el autor pasa con mucha naturalidad de un diálogo entre adolescentes a uno con adultos sin que suene forzado o falso la oralidad de los personajes.

7. El humor y la ironía hacen que algunos de esos cuentos sostengan la historia por la forma en cómo los protagonistas narran su desgracia personal o la de quienes los rodean.

8. Vemos las diferencias de clases, cómo los nombres y los apellidos desfilan en ese evento dedicado, en la casa de German Brockmann, al encargado de asuntos culturales de España en Nicaragua, que hasta pareciera sacado de una de las páginas de El gran Gatsby (1925), no solo por lo chic de la reunión sino por las hipocresías que deben guardarse para seguir siendo personajes de sociedad.

9. El cuento homónimo (y el más extenso) que finaliza el libro es una crónica polifónica del equipo de futbol juvenil llamado el Nápoli —sí, por ese equipo en el Maradona fue considerado un héroe— a principios de los noventa del siglo pasado; el autor juega con una crónica contada por uno de los jugadores, con pequeñas intervenciones en primera persona de otros compañeros de equipo que van narrando el trauma que vivieron con el técnico del equipo rival, América, Peter Televisor, con su secreto a voces de lo que era su vida personal. Quizá este cuento sea una analogía que condense todo el libro, pues asistimos al partido de futbol del equipo apoyado y queridos por los barrios bajos  contra el equipo apoyado por los burgueses de esa capital que empezaba a zanjar las marcadas diferencias de clases sociales.

En estos cuentos, Berman  nos hace pasar de un narrador omnisciente subjetivo, muy propio de las novelas de siglos pasados, o de las Milan Kundera (los primeros tres cuentos, el quinto y el séptimo), luego a un narrador testigo (el segundo y noveno cuento), una biografía subjetiva (sexto cuento), y la polifonía de voces como  fuentes orales (octavo cuento) que pudo ayudar a Rafa, el poeta, quien sea el biógrafo, con algunas fuentes orales para saber detalles de Balladares Brockmann. Y el último cuento, es una interesante propuesta de narración paralela con un narrador testigo contando el nacimiento, tragedia y superación del Nápoli y las intervenciones de algunos de sus compañeros de equipo.

La muerte, el abandono y el recuerdo de esa adolescencia como inicio y fin del libro nos recuerdan que ganar algo significa perder otras cosas.

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