La literatura en serio, un juego

OMAR ELVIRǁ Aunque de forma inconsciente, lo que uno busca como lector y en general, como consumidor de arte, es conocer otras posibilidades de la realidad, ser provocados a imaginar y sentir nuevas experiencias, descubrir nuevas formas de pensar, todo esto independientemente de los formatos que tenga la obra.

Esa capacidad de provocación y sugerencia es una constante de La vida en diminutivo (Anamá, 2022) de Alberto Sánchez Argüello (Managua, 1976). Recopilación de textos breves, microliteratura, el libro es en realidad varios libros en uno solo, dividido en seis secciones, al menos tres de ellas: Los García, Tellus Mater y Los Jiménez son obras independientes, con un universo propio, compuestas a su vez de textos que por sí solos tienen autonomía.

La vida en diminutivo puede ser un exponente nicaragüense de la microficción, género hijo de esta modernidad tan confusa en que sobrevivimos día a día, sin embargo, no recurre al facilismo, su brevedad no significa falta de hondura, al contrario, lo breve se vuelve una herramienta que perfora nuestro imaginario desencadenando procesos que tal vez obras de aliento más largo no conseguirían ni siquiera tocar.

Esa misma profundidad tampoco está reñida con el carácter lúdico que parece ser premisa en todo el libro: la literatura pensada y ejecutada como juego, el lector es un cómplice, un implicado permanente, se enfrenta a realidades fluctuantes, mundos que se derrumban, familias que viven en hombros de gigantes, vampiros, animales que sueñan a seres humanos, viajes fantásticos, fantasmas que reflexionan sobre su naturaleza, personajes que son víctimas del autor, el autor mismo luchando contra una página en blanco, referencias a Stephen King, Lovecraft, Julio Verne, a películas y series de televisión, una colección variopinta e intensa de imágenes cuya lectura no puede provocar menos que vértigo y placer.

El siguiente texto es muestra de lo que podemos encontrar en el libro:

Idólatras

Cada noche aplasto con apatía sus diminutas casas y edificios, pero vuelven a reconstruirlo todo, comenzando con la ridícula estatua de su plaza mayor, hecha a mi imagen y semejanza.

La microliteratura, literatura al fin, no se trata de frases ingeniosas ni juegos de palabras, es apuesta, riesgo, reto; el autorse toma en serio su trabajo usando la imaginación, el humor y una visión desenfadada de la realidad que vuelve cualquier cosa motivo de narración y que se planta frente al lector invitándolo a tomar su lugar en la ecuación.

Parte del riesgo es no siempre acertar, el libro también contiene unas cuantas piezas  de menor calidad que denotan una construcción casi forzada pero que son parte de la integralidad de la obra y de la apuesta del autor.

En cualquier caso, La vida en diminutivo es un aporte valioso al entorno literario nacional tan plagado de propuestas vacuas o, en el peor de los casos, pobremente ejecutadas, quizás por no ser tomadas con seriedad. La seriedad necesaria para inventar nuevos mundos.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s