De música y literatura

BEKER DÍAZǁ Nunca he escrito sin música, no me hace mucho sentido. Así como Hemingway renegaba de la escritura mecanografiada, Honorato de Balzac no podía desarrollar sus ideas sin tomar café —dicen que tomaba 50 tazas al día—; así mismo, yo no escribo sin música. Además, la literatura antes era cantada por los juglares en las plazas, no recitada, no hablada. Sobre este asunto cavilaba algún día de estos y me pregunté con qué frecuencia un cantautor echa mano de la literatura para hacer sus melodías. Lo que encontré fue fabuloso. En casi todos los géneros se encuentran ejemplos. Quiero hoy mostrarte algunos de los que más me gustaron.

Mago de Oz-Los renglones torcidos de Dios

Esta canción, perteneciente al mejor disco de la banda, Finisterra, se basa en el libro de Torcuato Luca de Tena del mismo nombre publicado en 1979. En ambos se nos habla de la locura, de la desesperación por entender el entorno de Alice Gould, quien intenta distinguir entre lo que es real y lo que no. “Dame la paz y te alzaré un templo” reza la canción.

Lobo hombre en París – La unión

La Unión fue una banda one hit wonder cuyo único éxito fue Lobo hombre en París. La canción versa sobre Denis, un lobo culto que es mordido por el Mago del Siam y se transforma en ser humano. Esta historia es parte del libro homónimo de Boris Vian (1947), famoso por sus relatos cortos que se desviaban de los cánones de la época en temas de narrativa fantástica. La única diferencia entre el cuento y la canción es que la historia no se desarrolla en París, sino en una ciudad ignota.

The scientist – Coldplay

El cuarteto londinense ha conquistado todos los escenarios en que se han presentado. Su álbum A rush of blood to the head es uno de los más exitosos de la era actual. The scientist fue su segundo sencillo. La canción se basa en el cuento de Nathaniel Hawthorne La marca de nacimiento. En este relato, Aylmer, un científico brillante intenta borrar una marca del rostro de su esposa. Él la ama, la considera el ser más puro y perfecto que hay sobre la Tierra, pero la marca no le deja amarla como es. Las consecuencias de su osadía son inimaginables.

Sympathy for the devil – The Rolling Stones

La mejor canción de The Rolling Stones. “Déjame presentarme, soy un hombre de mucha riqueza y buen gusto…”, con solo leer el título sabemos quién es el que se nos presenta. Elegante forma en que el Diablo hace una semblanza de sí mismo. La canción, perteneciente al fabuloso Beggars banquet (1968) se basa en dos obras literarias que leía Mick Jagger para ese tiempo: El maestro y Margarita de Mikhail Bulgakov y Los Buddenbrook de Thomas Mann.

Killing an arab – The cure

¿A qué te recuerda la frase “matar a un árabe”? Por supuesto, a Albert Camus. Esta canción de Robert Smith se basa enteramente en este pasaje de El extranjero en el cual Meursault, sin motivo alguno, asesina a un árabe. “Lo que sea que escoja me lleva a lo mismo”, ese es el resumen del relativismo expresado por el autor.

Lana del Rey – Ultraviolence

¿Qué palabra puede definir a La naranja mecánica de Burgess? Ultraviolencia, correcto. Esta es una canción que habría calzado perfectamente en alguna de las escenas del filme de Kubrik. “Bendecida con la belleza y la ira” canta Lana, haciendo referencia a Alex, quien amaba escuchar a Beethoven, tomar leche con los málchicos y chelovecos y gozar de los placeres con las débochcas.

Bachata rosa – Juan Luis Guerra

Un poco más tropicales, llegamos al poeta de la bachata. Juan Luis Guerra ha declarado que se inspiró en Neruda para escribir esta canción, en la cual cita al poeta diciendo “no sé si está desnuda [la rosa] o tiene un solo vestido. El poema de Neruda se encuentra en su obra El libro de las preguntas (1974). Bastó ese verso para inspirar una de las mejores bachatas de la historia. Bendito seás, Neftalí Ricardo.

Muchas otras hay, por supuesto, inspiradas en la literatura. Ya podrán citarlas ustedes. El punto es que música y literatura van de la mano, a veces una inspirando versos o renglones, y otras, melodías que nos hagan movernos. ¿Qué nos falta a la fórmula? ¿Un café? ¿un café mientras leemos Rayuela? ¿un Café Rayuela? No lo sé.

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